La mansión Lee despertaba antes que el sol. En cuanto el primer rayo de luz se filtraba por las ventanas, el eco de los pasos firmes de los hermanos mayores resonaba en los pasillos. Cada uno de los Alfas tenía un papel en la casa y en la empresa familiar, y cada mañana comenzaba con la misma precisión. Primero, Tae, el mayor, seguido de Yoon-gi y Namjoon, todos dirigiéndose a la cocina, donde el café recién hecho los esperaba. Chan, Hyunjin y Minho, los inseparables trillizos, aparecían poco después, siempre riendo entre ellos mientras se preparaban para el día.
Pero mientras la casa bullía de actividad, en la habitación más lejana del ala este, aún había silencio. Felix, el último hijo y único Omega de la familia, seguía acurrucado bajo las sábanas, disfrutando de esos últimos momentos de calma antes de enfrentar otro día bajo la atenta mirada de sus hermanos.
Era una rutina que todos conocían bien, pero cada mañana, el mismo pensamiento recorría la mente de los seis Alfas: proteger a Felix. Desde el momento en que nació, esa había sido su misión.
Sin embargo, esa misión no fue lo que su madre había imaginado. Años atrás, cuando Tae, el primer hijo, llegó al mundo, la señora Lee había soñado con una familia grande y variada. A medida que llegaron más hijos, todos Alfas, su deseo de tener un Omega creció. Quería una niña a quien vestir y mimar, alguien con quien compartir los secretos y la dulzura de la vida, alguien diferente de la fuerza y determinación que sus hijos Alfas encarnaban.
Cada nuevo hijo que nacía llenaba la casa de risas, pero también profundizaba la frustración de su madre. Finalmente, cuando Felix llegó, el Omega que tanto había deseado, parecía que su sueño se haría realidad. Pero la alegría fue efímera. Poco después de su nacimiento, su madre los abandonó sin una explicación, dejando un vacío que nadie, ni siquiera el pequeño Felix, pudo llenar.
Mientras la familia siguió adelante, su padre y hermanos decidieron que Felix sería su responsabilidad, un legado de lo que su madre había querido, y así comenzó la vida protegida de Felix, rodeado de Alfas que lo amaban, pero también lo mantenían a una distancia segura de todo y de todos.
Felix abrió los ojos lentamente, parpadeando para ajustar su vista a la luz suave que se filtraba a través de las cortinas. Sabía que su rutina matutina estaba a punto de comenzar: uno de sus hermanos, probablemente Chan o Minho, vendría a asegurarse de que estaba despierto y listo para enfrentar el día.
Suspiró, deslizando los pies fuera de la cama, permitiendo que el frío del suelo de mármol lo ayudara a despejarse. Sabía que, en cuanto saliera de su habitación, no tendría un solo momento de tranquilidad. No porque no amara a su familia, sino porque la constante vigilancia de sus hermanos comenzaba a ser asfixiante.
Y, como si hubiera leído su mente, la puerta se abrió con un leve crujido. Chan, con su habitual sonrisa despreocupada, entró con un café en la mano.
—Buenos días, hermanito —dijo, dejando la taza en la mesita de noche—. Es hora de levantarse. Sabes cómo se ponen los demás si llegas tarde al desayuno.
Felix forzó una sonrisa, agradecido por el café, pero deseando tener al menos un día en el que pudiera decidir por sí mismo cuándo levantarse o qué hacer. Tomó un sorbo de la bebida caliente, dejando que el sabor amargo del café lo despertara completamente.
—Ya estoy en camino —respondió, levantándose de la cama mientras Chan lo observaba, como si necesitara asegurarse de que realmente lo haría.Mientras se preparaba, su mente volvió a vagar hacia la historia de su familia. Desde niño, había escuchado las historias de cómo su madre había deseado con todas sus fuerzas tener un Omega. A veces, le resultaba difícil conciliar el hecho de que él había sido ese deseo hecho realidad, y al mismo tiempo, la razón por la que ella se había marchado.
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Destinos entrelazados - Changlix
FanfictionEn un mundo donde la jerarquía entre Alfas y Omegas define el destino, Felix, un Omega vive bajo la estricta protección de sus seis hermanos Alfas. Aunque su belleza y carisma atraen a todos, su vida está marcada por la vigilancia constante de su po...
