CAPÍTULO 38

572 33 1
                                        

Habían pasado horas desde que desperté y hace poco tiempo ya comenzó el parto de Minnie

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Habían pasado horas desde que desperté y hace poco tiempo ya comenzó el parto de Minnie.

Aún seguía en cama por órdenes estrictas de los médicos y Jennie permaneció junto a mí sin importar qué, sosteniendo mi mano como si su vida dependiese de ello o como si por arte de magia yo saldría corriendo de allí, debido a mis nervios de permanecer en una misma posición durante mucho tiempo.

De repente, BamBam entró agitado a la habitación donde la mayoría del grupo permanecía, excepto los padres, por supuesto.

—Nació...—soltó olvidando como respirar con la nariz, haciendo que nuestras bocas caigan al piso por su obvia noticia—. ¡Es niño!

—Ya todos lo sabíamos, amigo—Bam rodeó los ojos—. Ve y trae a la criatura.

—N-No, acaba de nacer hace menos de diez minutos—exclamó con la emoción al tope—. ¡Ya, vengan!

— Claro, como si yo pudiese—gruñí con mi estado de ánimo por el subsuelo.

Ante mi reacción, la castaña se alejó de mi lado y escapó rápidamente sin ni siquiera dejar quejarme por su acción. A los pocos minutos, entró junto a uno de los doctores que me habían revisado anteriormente y me permitió salir de la cama para poder conocer al bebé.

Tomé uno pantalón y una remera para poder quitarme la molesta bata y poder salir cómodamente.

Al llegar con la primera madre del grupo, ella se mantenía pegada a su pequeño hijo, sin despegarlo de sus brazos, lo que me llevó a recordar a alguien que estaba tomando mi mano con timidez, como si nunca la hubiese tomado en serio, a la vez que veía la escena con un leve sonrojo en sus mejillas.

—¿Te gustaría?—forcé el agarre, llamando su atención. Ella me miró desconcierto ante mi pregunta.

—¿Qué cosa?

—Estar en su posición, digo—aclaré.

—Mmm...—expresó duda en su rostro, pero al segundo cambió—. Depende quien sea el padre podría negociarse.

—¿Ah sí?—tomé su mentón con mi mano libre—. ¿Se podría saber quién quieres que sea el padre de sus hijos, señorita Kim?

— Oh no, no puedo decirte su nombre. Es un secreto confidencial, señora Manobal.

—Podría describirlo, o describirla—sugerí sin prestar atención a lo que sucedía a nuestro alrededor.

—Él es...—pensó—.  Ella es alta, así como usted—posó su mano sobre su eje, demostrando la altura—. Rubia como usted, también estuvo hospitalizada, casualmente como usted también.

— ¿Algo más?—sonreí acercando sus labios a los míos.

—También tiene un pene enorme.

—Oh, que particular—elevé mis cejas satisfecho mientras movía mi cabeza afirmando—. Creo que no la conozco.

Tu Misterioso Amor | JENLISA (G!P)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora