Según mis padres y su tradición los regalos que trae Papa Noel se abren el día siguiente de nochebuena, en Navidad.
Para mí, esos días eran especiales, pero cuanto más crecemos la ilusión de los regalos se hace cada vez menos, porque ya no son solo los regalos en sí, sino sentarte en la mesa y ver que ya nada, es igual.
Me levanto de la cama, antes de bajar decido ir al baño. Al terminar bajo y veo que nadie de mi familia está despierto, esto es raro, muy raro. Siempre soy yo la última que me levanto ya que una de las cosas que más me encanta, es dormir.
Miro la hora para ver si yo me he equivocado y me he levantado antes, pero no, son las diez y media y solo estoy yo despierta.
Decido entrar a la cocina en busca de un vaso de agua, cuando me lo bebo, voy al salón a ver la tele.
- Buenos días, dormilona – en el momento que me lo dicen pego un brinco del sofá por el susto.
- Que susto, me podía haber dado algo
- Jajaj, hubieras visto tu cara – dice mi tío partiéndose de risa – anda, no seas tan dramática
- No lo soy, ¿dónde están todos? – pregunto relajándome
- Durmiendo – me sonríe- ayer cuando vinimos y te subiste a tu habitación, ellos se quedaron hasta las una viendo la tele y jugando tu hermano con tu prima
- Ohm, así que queda un rato para que se despierten – digo sorprendida
- Puede ser – dice confuso – ¿te apetece ir a la ciudad y compramos algo para desayunar?
- Es Navidad, estará todo cerrado- río
- Es verdad, bueno ¿quieres que hagamos galletas? – me dice
- ¿En serio? Vale – me emociono
- Pues manos a la obra
Nos vamos a la cocina y preparamos todo lo que necesitamos. Empezamos a hacer las famosas cookies o bueno, más bien lo intentamos. La primera que hicimos la tuvimos que tirar, porque la masa no había salido bien y bueno después de varios intentos logramos hacerlas.
Las metimos en el horno y empezamos a recoger todo el desastre que habíamos hecho, hay harina por el suelo y la encimera esta llena de todas la cosas que le hemos echado.
Pero lo peor no es eso, sino que nosotros estamos también manchados, sobre todo la ropa, ya que mi tío se le ocurrió la grandísima idea de echarnos harina.
- ¿Qué se supone que habéis hecho? – dice mi madre enfadada, entrando a la cocina.
- Galletas – le responde mi tío, terminando de recoger
- ¿En serio? – dice molesta mirándome– Esto que lo has inventado tú ¿no? – mis ojos se abren como platos, ¿Cómo se le ocurre echarme la culpa? No hemos hecho nada malo - estamos en Navidad y ¿a ti solo se te ocurre poner la cocina hecha un desastre?
- No... - iba decirle algo cuando mi tío me interrumpe
- Ella no te ha tenido la culpa de nada, he sido yo que le he dicho que la hagamos, si no las quieres no te las comas, pero no vengas con tus tonterías – dice mi tío serio
- ¿La defiendes? ¿En qué momento te has puesto de su parte? ¿Le has comido la cabeza con alguna tontería tuya verdad? No sé lo que haces aquí, súbete a tu habitación ya – me grita
En cuanto me dice eso, en vez de hacer lo que me ha dicho salgo por la puerta para irme, siento que mi tío me está llamando, pero no vuelvo, sino que me monto en el autobús que justamente se ha parado aquí.
ESTÁS LEYENDO
Lograr Sanar Heridas
Teen FictionLas heridas no siempre se ven, pero todas, sin excepción dejan una marca, una huella. Algunas son profundas, otras sutiles que parecen que nunca llegaron a estar allí. Pero no importa lo grandes o pequeñas, porque todas ellas tienen algo que contar...
