Las horas avanzaban con suma lentitud sobre las frágiles manecillas de aquel antiguo y empolvado reloj digital, que permanecía silente en una sombría esquina de la celda. Me fue inevitable separar los párpados, a pesar de la cruenta batalla en que nos encontrábamos por alcanzar la supervivencia: Por un lado me encontraba Yo, tratando a toda costa de retomar mis movimientos corporales, y de ese modo, poder despertar de aquel terrorífico COMA inducido por drogas. Mientras que por el otro lado, se hallaba el fantasma de la Muerte, esperando silenciosamente, a que me diese por vencida y así ceder mi alma para su colección sepulcral. ¡Jamás!, daría un paso al costado. ¡Nunca!, me daría por vencida tan fácilmente y lanzarme en los brazos de la Muerte sin antes luchar con las últimas provisiones de energía que aún me quedaban. Todos sabemos que la Muerte es un hecho inevitable, nadie puede precedir ni mucho menos frenarla, pero eso sí, existe un método para combatirla. El método consiste en luchar incansablemente hasta ganar la batalla y recibir la mayor recompensa del mundo: LA VIDA.

-¡Abrió los ojos!, ¡Abrió los ojos!- (pude captar la voz exasperada de un hombre muy próximo a mis oídos)

De pronto, escuché millares de pasos apresurados que se aproximaban a mí. ¡Parecía el galope violento de una gran estampida de toros enfurecidos decididos a embestir!. Mi corazón no tardó ningún segundo en asustarse, provocando una ola de taquicardia que por poco me corta la respiración.

Comienzo a indagar cada rincón de la celda. Entretanto, mis ojos arden dolorosamente a causa de la irritación.

-¡Doctor August!...- (oigo gritar a una mujer desde lejos, mientras agita sus brazos en el aire)- Examine los signos vitales de la paciente. ¡Es un milagro que haya despertado!- (concluye, a la par que coge el teléfono y hace una llamada apresurada)

El hombre vestido con una extensa y blanca bata de seda, empieza a tomarme el pulso de la muñeca, mientras observa con gran nerviosismo el desgastado reloj digital.

-¡Doctora, observe esto!- (vociferó el hombre, con una expresión de angustia en su rostro)-- ¡Sus pulsaciones son bastante débiles, y el aspecto de sus pupilas tomaron un color obscuro!- (finalizó, al tanto que examinó mis ojos con una pequeña linterna ocular)

Súbitamente, todo a mi alrededor comenzó a girar de una manera increíble, en tanto, pude oír el fuerte chirrido de la máquina que estaba conectada a mi corazón. Una gigantesca ola de lamentos se escuchaba a mi alrededor: "¡Ingresó en estado de convulsiones!" "¡La vamos a perder!", "¡No dejemos que muera!", "¡Dios mío!. Mientras tanto el oxígeno se dispersaba en mis frágiles y lastimados pulmones.

Las fuerzas se me agotaban lentamente, al tiempo que un delgado hilo de sangre emergió desde mi boca.

-¡Tiene un Paro Cardíaco Súbito!.- (escuché gritar a un hombre desconsolado)

Mientras que a una distancia lejana a la mía, oigo una ráfaga de voces desesperadas que gritan al unísono:

-¡Requiere de una Reanimación Cardio Pulmonar urgente!.

Pasos violentos, rostros desesperanzados, sudores nerviosos y una infinidad de temores preponderantes en cada uno de aquellos médicos que hacían hasta lo imposible para reanimar mi corazón, pero ya era demasiado tarde, pues yo ya había muerto.

-La hemos perdido...- (exclamó con dolor, el hombre vestido de blanco, mientras se limpiaba las mejillas empapada por las lágrimas y la transpiración)

Yo todavía podía escuchar, ver y sentir a cada uno de ellos, porque mi alma ya había abandonado el cadáver. En aquella oportunidad solo me tocaba esperar mi sentencia y optar por algunos de los dos caminos que me conducirían a la eternidad. En dichos caminos me aguardaban las dos personas a quién amé en vida. Por un lado, en el Paraíso estaba mi madre Jane con los brazos abiertos esperándome con alegría. Mientras que en el camino al Infierno estaba mi amado Jeffrey Woods llamándome con dulzura y haciendo promesas de que seremos felices juntos... ¡Me encuentro en una terrible encrucijada!. ¿Cuál de éstos caminos debería tomar?. ¿La del fuego del Infierno o las mieles del Paraíso?.

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!