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Cuando Elizabeth abrió los ojos se encontró con dos manos entrelazadas a las suyas. William y Andy. Se removió suavemente un poco desconcertada y los dedos de William le recorrieron la mejilla. No podía odiarlo, no en ese momento. Lo miró con precaución y se desconcertó ante sus ojos rojos e hinchados. Quiso levantar su brazo pero le dolía como los mil demonios.
-No.- murmuró él.- Dejalo ahí. No quiero que vuelva a lastimarse.
-Perdón por gritarte.-susurró ella.
-Perdón por no escucharte cuando me necesitabas.-él besó su mano y luego su mejilla.- Te amo, Elizabeth. Pero me sacas de quicio últimamente.
-Para eso estamos los adolescentes. Para sacarlos de quicio a ustedes.
-Y para cambiar repentinamente con tal de crear muros.-ella bajó la mirada y él volvió a acariciarle la mejilla.- Todo va a estar bien.
Ella miró a Andy dormido y una pequeña sonrisa se formó en sus labios. A William no le pasó por alto ese gesto y se sintió estúpido por lo que había hecho hacía unos meses.
-Me gusta Andy.-susurró él y ella lo miró desconcertada.- Como tu novio.-Aclaró él con una risita suave.- Sé que va a cuidarte como nadie.
-Es perfecto.-susurró ella y se llevó la mano del chico para besar sus nudillos.- Me alegra poder tenerlo conmigo y que me permita estar con él. No sé si lo merezco pero no puedo evitar ser egoísta, no podría dejarlo ir nunca. Es como mi ancla. Me mantiene en la tierra.
Andy le besó la palma de la mano y ella enrojeció, no creyó que él estuviera oyéndola. William le besó la frente y se retiró de la habitación.
-Creo que los dos somos egoístas entonces.-murmuró mirándola fijamente a los ojos.-Porque no pienso dejarte ir.
Se aproximó y la besó con suavidad. Lo quería, lo quería demasiado como para apartarse de él, como para dejarlo ir.
-Pock insistió en venir con nosotros, dice que sabe controlarte.-dijo Andy.- Ya hablé con tu primo y está de acuerdo aunque al principio se mostraba un poco reacio a la idea de que nos fuéramos de la casa.
-¿Podemos irnos ya?-preguntó ella.
-El doctor va a decírnoslo cuando aparezca. Hasta entonces vamos a quedarnos acá.
Elizabeth se enderezo y miró su brazo haciendo una mueca. La preocupación dominó los ojos de Andy, quien puso sus dedos bajo la barbilla de ella y la obligó a mirarlo.
-Te duele.-afirmó. La conocía.- Tendría que...
Ella lo acallo con un beso y luego dejó su frente contra la de él mientras sus manos comenzaban a temblar. Los sollozos escaparon por sus labios y Andy la estrechó entre sus brazos. Debía solucionarlo de alguna forma y esa no era matando a Scott. Por mas que quisiera hacerle lamentar el hecho de haber nacido, era a ella a quien debía reparar y eso no sucedería apartándose de su lado para matar a alguien a golpes.

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