Capítulo V

288 20 0
                                        

Luego de llegar a la oficina de profesores, el azabache se encontró con dos de sus compañeros: Nemuri Kayama y Hizashi Yamada.

—Aizawa-sensei, ¿cómo está el chico? —preguntó la fémina. Ella había estado presente cuando Kirishima irrumpió en la sala de profesores muy alterado, y también fue quien avisó a la enfermera.

—Gracias por informarle que íbamos para allá, Nemuri-san. Sigue inconsciente. La enfermera vendrá a avisarme cuando despierte.

—¿Quién fue el estudiante que se desmayó, Shota?

—Midoriya Izuku...

—¿Midoriya? —cuestionó con una ceja alzada, frotándose el mentón, pensativo—. No me suena ese nombre...

—Es un chico nuevo en mi clase. Hoy fue su primer día —le miró, algo extrañado.

—¿Su primer día? —asintió—. ¿Se desmayó en su primer día?... ¿Qué fue lo que le pasó?

—No lo sabemos aún. La enfermera lo revisó, pero no pudo encontrar la razón.

—¿Le preguntaste a los chicos, Aizawa-sensei?

—Sí, pero tampoco saben por qué.

—¿No saben? —preguntó el rubio, poniendo sus manos en la cintura—. ¿Cómo no van a saber si fueron ellos los que nos avisaron? ¡Es ridículo! —exclamó, descontento—. Oye... Shota... —se colocó a su lado, pasando un brazo por sus hombros—. ¿Estás seguro de que no te ocultaron nada?

—Ellos no estaban con él cuando se desmayó. Solo lo encontraron y nos avisaron.

—¿Estás seguro? —le miró a los ojos—. ¿No estás siendo blando porque son tus estudiantes?

A pesar de parecer un profesor relajado y despreocupado, Hizashi podía ser muy suspicaz. Sostuvo la mirada de su amigo unos segundos, hasta que este le apartó el brazo.

—Basta ya de dudar así de ellos, Hizashi. Me aseguré de que todo lo que me dijeron era cierto, así que no tienes que cuestionarlo más —el rubio solo se encogió de hombros.

—¡De verdad...! —habló Nemuri—. ¡Qué mala costumbre tienes, Yamada-sensei!

—¿Ah? ¿Por qué estás molesta, Nemuri-chan? —cuestionó con voz aguda e inocente.

—¿Por qué dudas así de unos simples niños? No es la primera vez que actúas así.

—Como profesores somos la autoridad en este lugar, Nemuri-chan. Es nuestro trabajo asegurarnos de que los chicos vayan por el buen camino.

—Pero eso no significa que debas tratarlos como si siempre estuvieran ocultando algo.

—¡No, no, no, Nemuri-chan! ¡Te equivocas! —exclamó haciendo una extraña pose—. Siempre debes cuestionar sus acciones y palabras. ¡Los adolescentes son criaturas malévolas!

—Ay, por favor —masajeó ligeramente su entrecejo—. ¿Qué clase de maldad podría haber en unos niños?

Él se enderezó, cruzando los brazos con firmeza.

—Mucha más de la que crees, Nemuri-chan. Solo porque son menores de edad no significa que sean ignorantes o tontos. Son plenamente conscientes de sus acciones, aunque no tanto de sus consecuencias... ¡Y ahí es donde entramos nosotros! —se señaló con ambos pulgares—. Es nuestro trabajo enseñarles no solo el contenido de un libro, sino también los valores y actitudes de una persona decente. No debemos tratarlos como si fueran niños de preescolar... ¡Por eso debemos castigarlos de acuerdo a sus faltas! —la señaló, energético—. No seas ingenua, Nemuri-chan. Si nosotros, los adultos, no hacemos nuestro trabajo correctamente, podrían pasar cosas malas.

Todas Mis CicatricesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora