Capítulo IV

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Luego de que los dos adolescentes salieron de la enfermería, el mayor cerró la puerta tras de sí. Los tres se quedaron parados a un lado del pasillo; el azabache se cruzó de brazos frente a los más bajos, observándolos por unos segundos antes de hablar.

—Si vuelven a actuar así con alguien del personal de la escuela, no lo dejaré pasar por alto —advirtió con seriedad. Ambos bajaron la cabeza como perritos regañados—. Será mejor que estén listos para una suspensión. ¿Entendieron?

—Sí, Aizawa-sensei... lo sentimos —se disculpó Kirishima.

El mayor desvió la mirada hacia el rubio, quien no respondió de inmediato. Bakugou le lanzó una mirada breve antes de desviar la vista.

—Sí...

—Bien —Aizawa no quería extender el regaño; una advertencia bastaba por ahora—. Ahora... ¿qué fue lo que pasó? —preguntó, suavizando el tono.

—No lo sabemos —respondió primero Kirishima, levantando la mirada—. No estábamos con él.

—Solo lo encontramos inconsciente en el baño.

—¿Cómo lo encontraron?

—Estábamos hablando y tomando algo cuando escuchamos un golpe fuerte —explicó—. Me dio curiosidad saber qué había sido, revisamos las habitaciones cercanas y cuando llegamos al baño... lo vimos tendido en el suelo. Eso es todo —miró al cenizo para confirmar que ambos contaban la misma historia.

—Es verdad, fue un ruido muy fuerte —afirmó Bakugou—. Yo fui quien abrió la puerta del baño y lo vio en el piso. Le dije a Kirishima que fuera a buscar a algún profesor porque intenté despertarlo y no reaccionaba.

—¿Había alguien más ahí?

—No. Solo nosotros dos.

—¿Después de que Kirishima se fue, te quedaste con él?

—Sí.

—¿Hiciste algo? —frunció el ceño, molesto por lo que insinuaba su profesor.

—¿¡Ha!? ¿Qué cree que pude haberle hecho a ese enano? —no recibió respuesta, solo un silencio que lo frustró aún más—. Revisé si tenía fiebre y si respiraba bien. Lo sacudí un par de veces a ver si reaccionaba, pero nada... eso es todo —frunció los labios, visiblemente molesto.

—Bakugou podrá ser algo bruto, Aizawa-sensei —intervino Kirishima—, pero no es el tipo de persona que le haría algo a alguien enfermo o inconsciente.

—¡¿A quién mierda estás llamando bruto, cabeza de fósforo?! —le reclamó indignado.

—Basta de gritos —les interrumpió el profesor—. ¿Notaste algo más?

—...No. Solo que estaba muy pálido y tenía sudor frío por todo el cuerpo, pero aparte de eso... nada —se recargó en la pared, con expresión pensativa.

El mayor le vio algo extrañado por su actitud, si bien Bakugou no era un estudiante con la mejor personalidad del mundo, solo tenía algunos altercados con otros alumnos problemáticos y nuca había iniciado una pelea, sabia lo mucho que se esforzaba para sacar buenas notas y mantener limpio su expediente escolar, no discutía ni peleaba con los profesores o alguien del personal de la escuela, le sorprendió mucho ver cómo le gritó a la enfermera.

—Es mi culpa... —murmuró Kirishima, atrayendo la atención de los otros dos.

—¿De qué estás hablando? —preguntaron al unísono.

—Yo lo detuve...

—¿Qué? —repitió el mayor.

—Si no lo hubiera detenido, tal vez habría ido a la enfermería —dijo con tristeza.

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