-Capítulo 33: "¡La vejez se acerca, Feli!"-

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El sol se escondía en el horizonte, otorgando un grandioso espectáculo a quienes lo observaban.

Habían pasado tres días desde que Fran se había reencontrado con sus amigos, y sentía como si hubiese puesto a sus demonios a dormir. Por un tiempo, al menos.

Estaba recostado en el sedoso césped del parque de la ciudad junto a Lara, Julia y Martín. ¿El motivo? La fiesta sorpresa de Felipe.

—Entonces, ¿en dónde será?

—Tú eres la organizadora —se limitó a responder Franco, con los ojos cerrados —. Debes decidirlo todo.

—Claro que no, grandísimos tontos. Para algo los traje aquí —la chica tomó la revista que traía en sus manos y, haciéndola un rollo, golpeó a los tres con ella.

—De acuerdo —se defendió Martín —. Deja de lado la agresividad.

Lara asintió y soltó su arma.

— ¿Por qué estamos haciendo esto? — reiteró Julia.

—Porque Lar quiere que sea especial — Fran rió, haciendo comillas imaginarias con sus dedos.

— ¡Ustedes no ayudan! Así mi lado violento sale enseguida —exclamó la acusada.

Parecía que nunca llegarían a una conclusión grupal.

—Lo sentimos, lo sentimos. Vamos a tratar de ser más cooperativos —sonrió Ju.

Todos asintieron.

—Bien. Alma me dijo que puede ser en su casa. Y de paso, le entregan el auto.

— ¿Le regalarán un auto? —se sorprendió Martín.

—Sip —Lar se encogió de hombros —. Al parecer su madre envió el dinero-

—Suertudo —gruñó el mismo emisor.

Una nueva risa escapó de las comisuras de Fran.

—La torta puedo hornearla yo. Tendrán que encargarse de decorar — señaló a su amiga y al joven que estaba a su lado —Fran lo distraerá para que no vuelva a la casa antes de las once treinta.

— ¿Yo? —el aludido se sentó recto con sus párpados totalmente levantados.

—Sí. Llévalo a por una vuelta, dale conversación... Algo.

— ¿Cuándo debo hacer eso?

—En tres horas —la rubia miró su reloj —. Son las siete de la tarde. No creo que necesiten más de ochenta minutos para arreglarlo todo.

—Lo dices como si entretener a Felipe una hora y media fuese fácil —se mofó el ojiazul.

—Procura que lo sea, porque es tu deber —finalizó Lar con un tono solemne —. Intenta perfeccionar tu arte de la improvisación.

— ¿Y qué harás tú?

—Soy la novia del cumpleañero: mi deber es hacer un delicioso pastel, ponerme un hermoso vestido y hacer acto de presencia —sonrió radiantemente y se paró de su sitio —. Buena suerte —saludó con sus dedos y se alejó.

***

— ¿Se puede saber por qué irrumpiste en mi casa y me sacaste sin pista alguna de lo que haremos?

Piensa, Sárter.

Piensa.

—Em... Quería que tomemos unas cervezas en algun lado con los otros. Ya sabes, antes de que te hagas mayor de edad.

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