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Elizabeth se pegó lo mas posible a Andy, y este se puso delante se ella. Scott rió, estaba borracho. Ella cerró sus ojos con fuerza al recordarlo entrar del mismo modo aquella noche. Comenzó a balbucear cosas sin sentido y tomó la mano de ella.
-Andy.-murmuró completamente aterrada.
-Soltala.-dijo Andy dándole un puñetazo.
-Tranquilo, niño bonito, yo me encargo de él. -dijo Pock, arremangándose. Se arrojó sobre Scott.
La vista de la chica comenzó a nublarse y cayó al suelo. Todo volvía a su mente. Andy se volteó y le tomó el rostro pero ella solo veía a Scott, observándola.
Atormentada se puso de pie con torpeza y su mano resbaló por el borde del escritorio de vidrio provocando un gran corte en su brazo izquierdo.
-¡Elizabeth! -gritó Harold, en cuanto Andy salió de la habitación con ella en brazos.
-Todo está saliendose de control.-dijo Andy, mientras la chica se presionaba contra su pecho.- Esto es una locura. Tengo que llevar a Elizabeth al hospital, necesito que te encargues de matar a Scott.
Toby apareció con las llaves del auto en la mano y le abrió la puerta a Andy.
La chica temblaba entre sus brazos. Las lágrimas rodaban por sus mejillas y la sangre mojaba su ropa. No podía articular palabra alguna ni pensar con claridad. Las cosas estaban mal. Estaban mal en muchísimos sentidos.
-Mirame.-suplicó.- Mi amor...- acarició su rostro con las lágrimas amenazando por salir.- Todo va a salir bien. Vamos a irnos. Ya conseguí un lugar. Vamos a irnos lejos de Scott.
Ella se presionó mas contra él. Temblaba aún mas y su piel se ponía mas pálida pero en lo único que podía pensar era en aquella noche en que Scott lo había estropeado todo.
-Andy, hay mucho tráfico. El hospital está a seis cuadras.
El chico de los ojos color ceniza bajó con ella en brazos y comenzó a correr tan rápido como pudo hacia el hospital. Cada segundo que pasaba la presionaba mas contra su pecho. Cuando la cabeza de ella cayó él corrió aún mas rápido. La desesperación se adueñaba con rapidez de sus sistema. Nada podía pasarle a Elizabeth o él no se lo perdonaría jamas.
En menos de dos minutos, ella estaba en una camilla lejos de su alcance y él lloraba con el rostro entre las manos porque no había podido enfrentarse a Scott antes y sentía que todo ese desastre había sido exclusivamente culpa suya.

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