Capítulo III

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Después de haber evitado a sus amigos todo el receso para obtener algo de tranquilidad, suspiró fastidiado al escuchar la campana. Realmente no quería ver la cara de ese cabeza de arbusto. Por un segundo se planteó saltarse la clase, pero su orgullo no se lo permitió. No dejaría que ese estúpido le hiciera perder su asistencia perfecta. Decidido, se dirigió al salón y, una vez allí, se sentó en su lugar. Sentía las miradas de los extras de sus compañeros, pero poco le importaba. No tenía por qué andar dando explicaciones de sus actos a nadie. Sacó sus cosas y decidió ignorar las preguntas de los idiotas de sus amigos sobre dónde se había metido durante el descanso. Miró con rabia el sitio vacío a su espalda. Juraba que si volvía a ver a ese bastardo emo, enloquecería.

Para su sorpresa, la profesora llegó y la clase empezó. Mentiría si dijera que no se percató de la ausencia del oji-verde. ¿Dónde demonios estaba ese fenómeno? ¿Acaso pensaba saltarse clases en su primer día? Las preguntas lo hicieron, inconscientemente, mirar hacia la puerta como si esperara que ese cabeza de arbusto apareciera mágicamente. ¡Y una mierda! ¿¡Por qué le importaba si ese bastardo estaba ahí o no?! Gruñó molesto y volvió su atención a la clase.

Pasados unos quince minutos, alguien llamó a la puerta del salón. Era ese profesor con cara de perro —según Bakugou— y, justo detrás, estaba la causa de su mal humor. Frunció el ceño. Sin más, el profesor se retiró y el peliverde caminó a su asiento.

La clase transcurría sin ningún problema, pero su obvia molestia seguía presente. De verdad no aguantaba tener a ese emo pegado a la espalda, así que se acomodó y pegó la suya contra la pared para tratar de apaciguar un poco su incomodidad. Sin embargo, en esta nueva posición, con el rabillo del ojo podía ver al bastardo gótico. Genial. Apretó los dientes y decidió girarse de nuevo, pero antes se percató de que el susodicho no había anotado nada en su cuaderno; solo tenía un montón de garabatos.

Alzó una ceja y, disimuladamente, intentó ver qué era lo que tanto garabateaba, pero cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, rápidamente volvió la vista a la pizarra. ¿Qué mierda estaba haciendo? ¡No es como si tuviera curiosidad ni nada por el estilo! ¡Era muy su problema si prestaba atención a la puta clase o no! Apoyó su brazo en la mesa y la mano en la mejilla, mirando al frente.

Todos estaban concentrados intentando resolver el ejercicio que la profesora había dejado. Por su parte, ya lo había terminado —obvio—. ¿Qué era un mísero ejercicio de física para él? ¡Ja! Por supuesto, nada. Satisfecho, se recostó en la silla a esperar que la clase terminara. En medio del silencio que lo rodeaba, podía escuchar el sonido de los lápices sobre el papel y algunos suspiros o quejidos de sus compañeros. Entonces, uno en particular le llamó la atención. No era como si alguien estuviera escribiendo números, más bien parecía que rayaban la hoja sin parar. Luego escuchó algo parecido a un susurro muy extraño, proveniente de atrás. Frunció el ceño, molesto, y soltó un bufido.

Ese maldito emo, al parecer, se había pasado toda la clase haciendo quién sabe qué. ¡Pero a mí qué me importa!

El sonido persistía, lo que lo irritó aún más.

¡No! No tenía curiosidad. Para nada —nótese el sarcasmo—. Solo estaba aburrido. Así que decidió echar un vistazo rápido. Lentamente, se volvió a recostar en la pared, cruzó los brazos y, sigilosamente, dirigió su mirada al cuaderno del peliverde. En la página derecha había garabatos que parecían palabras —aunque no entendía nada al verlas de cabeza—, y muchos dibujos a medio hacer por todos lados. Luego observó la otra página, en la que el oji-esmeralda dibujaba, y abrió los ojos ligeramente al reconocer la escena: era de su manga de superhéroes favorito. Específicamente, esa escena tan jodidamente increíble del último volumen, donde el protagonista luchaba contra el villano y este destruía la ciudad en medio de la pelea para intentar quebrarlo emocionalmente. Mierda, pero qué maldita obra de arte fue ese volumen.

Todas Mis CicatricesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora