Capítulo I

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Bakugou Katsuki y sus amigos cursaban su último año de preparatoria. Pensaba postularse a una beca para una de las mejores universidades del país: la UA. Así tendría su futuro asegurado.

Muchos, por no decir todos, los que se graduaban de UA conseguían trabajo casi enseguida, si no es que les llegaban montones de ofertas en su último año. Pensaba centrarse por completo en sus estudios para el examen de admisión, pero su madre le llegó con una noticia que le pareció desagradable.

Al parecer, a la vieja loca psicópata se le había ocurrido la brillante idea —nótese el sarcasmo— de meter al hijo de su mejor amiga a vivir en su casa. Cuando le reclamó y dijo que era una estupidez, solo obtuvo golpes por parte de ella y la exigencia de tratar al invitado muy bien. Tenía que estar pendiente de cualquier cosa que necesitara, además de que iba a ingresar en su mismo instituto y debía cuidar de él. La mandó a la mierda, diciendo que no cuidaría de un mocoso insoportable. Tenía cosas más importantes que hacer que estar al pendiente de un maldito intruso en su casa, pero no le hizo ni el menor caso a sus palabras. Planeaba lanzar al bastardo ese por un barranco una vez lo tuviera enfrente. No dejaría de lado sus asuntos para prestarle atención a alguien que nunca en su puta vida había visto.

El día en que la pequeña mierda llegaría a Japón era esa misma tarde. Su madre le dijo que todos lo recogerían en el aeropuerto cuando saliera de clases. Por lo tanto, él estaba en una cafetería cerca de su instituto junto a "los idiotas", según él, que tenía por amigos. Casi nunca pasaba el tiempo con ellos después de clases, pero como no quería ir al aeropuerto, decidió distraerse con ellos. No salió como esperaba, razón: "los idiotas".

—¿Seguro que deberías estar con nosotros ahora, bro? —preguntó Kirishima de repente, y el resto también lo miró.

—Sí, ¿no se supone que tu madre te quería en casa temprano? —añadió Kaminari, apoyando la pregunta de su amigo.

Bakugou quiso golpearlos hasta que quedaran inconscientes por hacerle recordar por qué no estaba en su querido hogar.

—No es nada, imbéciles —dijo enojado—. Tampoco tengo que hacer todo lo que dice esa vieja bruja —tomó un trago de su café, dando por terminado el tema.

—Es por lo del chico que va a empezar a vivir en tu casa, ¿no? —dijo Mina con efusividad. Bakugou casi escupe su café. Mina sonrió divertida.

—Se supone que llegaría esta semana, ¿cierto? —comentó Sero.

—Sí, eso dijo nuestro bro —añadió Kirishima.

—Apuesto a que llega hoy y por eso está aquí con nosotros. ¡Solo somos su excusa para no ir! —rió Kaminari, y los demás también comenzaron a reírse y a burlarse de él.

—¡Los mataré si siguen con sus estupideces! ¡Ya cállense, malditos idiotas! —gritó golpeando la mesa, atrayendo las miradas sorprendidas de los demás clientes.

—No es que me oponga a que pases tiempo con nosotros, Bakugou, pero creo que deberías ir para conocer a ese chico —le dijo Sero.

—¿Por qué mierda debería? —lo fulminó con la mirada.

—Porque a partir de ahora se van a ver todo el tiempo, en tu casa y en el instituto —le aclaró Mina—. ¡Será como tu nuevo hermano! —chilló emocionada—. Lo mejor sería que te llevaras bien con él.

—¡A la mierda con eso! ¡No necesito un puto hermano! —No soportaba la idea de tener que convivir con alguien a la fuerza—. ¡Por mí que se vaya al carajo! —sentenció.

—No seas así, hermano, ni siquiera lo conoces —le dijo Kirishima.

—Para él también debe ser algo nuevo. Creo que deberías entender que no eres el único al que afecta esta situación —lo regañó Sero.

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