El quinto mes de casados, todo parecía estar casi tan perfecto como el primer día que habían comenzado a ser novios, salvo por el detalle de que las cosas comenzaban a relucir poco a poco sobre sus pequeñas manías y costumbres.

Louis odiaba realmente tener que acomodar las cosas que utilizaba. Se había acostumbrado en su antigua casa a llegar de la universidad e ir tirando pieza por pieza de su ropa. La mayoría de veces su par de vans terminaban en una de las macetas y al día siguiente estaban listas junto a una de las puertas de su armario.

Harry por su parte era un tanto paranoico cuando algo estaba fuera de su lugar o sucio. Aunque una gota de café fuera derramada en una de las alfombras, él comenzaba a entrar en pánico, rápidamente alguna de las mujeres de la limpieza tenía que lavarlas o incluso tirarlas y comprar una nueva.

—Amor, te he dicho más de tres veces que tu ropa va del lado derecho —los dientes de Harry chocaban, mientras unas de las mujeres de limpieza re acomodaba el enorme closet.

—Creo que lo olvidé, amor —contestó Louis.

—¿Cómo puedes olvidarlo si es obvia la diferencia de nuestra ropa?

—Si lo es ¿por qué te molestas tanto? —respondió con simpleza— Ya casi no usas mi ropa ni yo la tuya.

—Porque es una falta de respeto para Emma —señaló a la mucama junto a él.

—¿Emma, te molesta que no acomode mis cosas? —preguntó clavando la mirada penetrante y un tanto adorable a la mujer.

—Yo, yo, bueno para eso me contrataron, ¿no es así? —respondió titubeante.

—¡Deja de intimidarla! —gritó Harry.

—No la estoy intimidando —guiñó un ojo—, tú entras en pánico muy rápido, amor.

—Probablemente —inhaló y exhaló fuertemente un par de veces—, pero, amor, realmente no creo que debas arruinar todo lo que hago para mantener en orden y limpia la casa.

La mucama soltó una risa muy ligera ante la ironía, Harry la percibió por muy baja y le terminó lanzando una mirada asesina. Él realmente creía, y se sentía tan agotado como una persona responsable de la casa, pero en realidad estaba más cansado de dar indicaciones casi todos los días desde su sofá mientras ojeaba revistas de arte y decoración.

—Lo lamento, amor —no lo hacía—, de ahora en adelante trataré de ayudarte más en casa, para que no estés tan cansado —tampoco lo hizo.

~*~

Louis había ignorado ya un par de veces las inmensas ganas de ir al baño, pero no fue hasta que su estómago comenzó a rugir y a estrujarse que por fin decidió aceptar que no podía seguir durmiendo. Las cortinas de su habitación estaban aún cerradas, pero el calor matutino ya se podía sentir en todo el interior de ella. Le tomó alrededor de un par de minutos más abrir uno de sus ojos, aún se sentía cansado y adolorido del golpe que se había provocado el día anterior. Buscó a tientas su celular en la mesa de noche tirando un par de cosas en su camino, solo por la pereza de tener que girarse y abrir ambos ojos.

Miró la pantalla un par de segundos, con la poca visión que le permitía su ojo derecho. 11:38 am, sonaba exquisitamente para ser lunes, o bien lo fue hasta que recordó que ese mismo día debía haber estado antes de las ocho de la mañana, presente en su primera reunión del año con algunos de los accionistas y trabajadores de la empresa. Esta vez sus ojos por fin vieron que tenía alrededor de veinte llamadas perdidas, quince eran de su secretaria personal, cuatro de Zayn y una de su padre.

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!