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Al levantarse, volvió a enfrentarse al debate interno de si salir de la cama o permanecer allí por el resto de su vida. Suspiró y se levantó por su primo, por sus amigos y por ese rechazo a dejarse vencer con tanta facilidad.
Bajó con un buzo grande y un jean oscuro. Bostezo y se tiró el cabello sobre el rostro. Tenía unas inmensas ganas de desaparecer de la faz de tierra.
Todos estaban ahí cuando ella entro en la cocina y se sintió pequeña, diminuta ante sus miradas de reproche.
-Buen día. -dijo en un susurro y comenzó a prepararse un café.
-Tenemos una entrevista hoy.-dijo Willim. Sonaba molesto.- Arreglate que es en una hora.
Elizabeth suspiró, dejó la taza en su lugar y subió nuevamente a su habitación. Se puso una falda simple y arregló su cabello. Se calzó unas sandalias y volvió a bajar tras el llamado de su primo. No había palabra alguna que huyera de sus labios ni llegara a sus oídos, lo único que se oía era el ruido de los autos que pasaban por su lado.
Todos utilizaban sus teléfonos menos ella, quien clavaba sus ojos en la ventana con intensidad, como si esta fuera a darle una respuesta.
Al entrar en el lugar, permaneció detrás de las cámaras mientras ellos eran entrevistados. Una mano tiró de la suya y ella volvió su vista hacia el lugar, encontrándose con una pequeña de cabellos rubios y ojos azules. Las lágrimas bañaban sus mejillas. Ella la tomó en brazos rápidamente.
-Hey, ¿Qué pasa?-preguntó con suavidad secándole las lágrimas.- No llores preciosa.
-Quiero a mamá.- dijo señalando a la entrevistadora.
-Shh, preciosa. Está trabajando. Ya va a venir. Si queres me quedo con vos mientras tanto.
La nena asintió refregándose los ojos y le rodeó el cuello con sus bracitos mientras Elizabeth le tarareaba canciones con suavidad para que se tranquilizara. Así pasó el resto de la entrevista sin notarlo. Cuando la conductora se acercó a ella, se percató de que la niña dormía.
-Se supone que iba a quedarse en el camerino.-suspiró.
-Está bien.-dijo Elizabeth.- Se ve que se asustó.
-Todos los niños se asustan cuando no están con sus padres.-dijo ella tomando a su hija.- Creo que para eso estamos, ¿No? Para no dejarlos solos, para que no se asusten.
La joven asintió sintiendo un enorme nudo en su garganta.

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