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Elizabeth miraba la película acurrucada junto a William. No quería moverse de allí. No quería apartarse. Se sentía muy mal pero no quería alarmar a su primo, ni moverse para incomodarlo.
-Hola.-saludó Harold, llegando junto a los demás y dejándose caer junto a ella.-¿Cómo está la protegida?
-Creo que ya está mejor.-dijo William,  rodeándola con su brazo.
-No sé. -dijo Andy, tocando las mejillas coloradas de ella.- Tiene fiebre, William.
-No pueden parar ¿Cierto?-preguntó Scott molesto.- Tiene dieciséis años, puede cuidarse sola.
Ella se apartó de su primo y corrió escaleras arriba, cerrando la puerta con llave y cayendo contra esta. ¿Por qué Scott la odiaba?¿Qué había hecho ella? No le gustaba gritara de ese modo. No se sentía bien pero no era su culpa. Además, si Scott supiera. Él no sabía y ella no le contaría.
-Imbécil. -mascullo William, siguiéndola.
-¿Cuál es tu problema? -preguntó Toby, molesto.
-Que hace tres meses que esa chica está acá y no paran. Hablan de ella todo el día y la tratan como si fuera su reina. Se ven como cuatro idiotas. Pero ella no, no es estúpida, sabe perfectamente lo que hace. No le costó nada tenerlos comiendo de la palma de su mano.
La chica dejó escapar las lágrimas al oírlo. Abrazó sus piernas con fuerza y hundió el rostro en ella.
-Elizabeth, abrime por favor.-pidió William, al otro lado.
-No.-murmuró ella.- William, tenes que ir con ellos. Es tu banda. No pueden pelear. No quiero causar problemas. Creo que...voy a quedarme acá.
-Quiero que salgas, necesito hablar con vos.-dijo él con suavidad.
-No. Puedo esperar, ellos no. Yo estoy bien, te lo prometo.
-¿Estás bien? -rió. Scott se había encerrado en su habitación y los demás estaban tras William.- Elizabeth deja de mentirme. ¿Crees que no me di cuenta que te saltas comidas?¿Pensas que el médico no me dijo que estas por debajo de tu paso?¿O crees que no me di cuenta que llevas tres meses en la escuela y no tenes un solo amigo? Necesito que me digas que está pasando.
-Tengo dieciséis años, -murmuró ella.- pero no sé cuidarme sola. Ya no quiero seguir con esto, William.-sollozo.
-¿Con qué? -preguntó él.
-Con esto. Con los insultos, con que me miren mal, con que me juzguen y me amenacen. Solo tengo miedo. Supongo que eso es normal.
William forzó la puerta y logró entrar a ese lugar tan de ella, ese lugar en el que nadie podía pasar. Se encontró con paredes empapeladas de dibujos y papeles llenos de palabras, de fotografías y colores. Un cuarto que se veía muy alegre en apariencia. Tomó a ella en brazos como si fuera una niña pequeña y le dejó llorar sobre su hombro mientras caminaba hacia la cama. Ahora comprendía todo. Ya entendía por qué ella se sentía tan mal, por qué se apartaba, por qué jamás quería salir.
-Nunca insulte a nadie que estuviera cerca suyo pero... es horrible.
Él la pegó lo mas posible a su pecho y escondió el rostro entre su pelo.
-Sos tan chiquita.-murmuró.-¿Qué podrían decirte? No te conocen. Ellos no te conocen. No saben quien sos vos, solo dicen cosas sin sentido. Elizabeth no quiero que leas esas cosas, te amo y te pido por favor que no las leas.
-Yo no formo parte de este mundo. -susurró ella.
-Pero vas a hacerlo.-dijo Andy.- Porque no vamos a permitir que te vayas.
Los chicos comenzaron a ver sus paredes mientras William le susurraba canciones para dormir.
-Creí que conocer a mis ídolos sería un sueño.-murmuró ella adormecida.- Pero es mas cercano a una pesadilla.
Todos voltearon pero ella no dijo nada mas. Se había dormido entre los brazos de su primo.

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