||Capítulo 1.

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Doncaster, Reino Unido.
Tiempo actual.

Louis estaba con Eleanor besándose en el sofá, sus manos recorrían el frágil y huesudo cuerpo de su novia mientras que ella se acercaba más y más a él, incitándolo, estaba encima de él y sus piernas estaban a ambos lados de la cadera de su novio.

Sus labios chocaban y se entreabrían una y otra vez, provocando espasmos y escalofríos en ambos. Era el típico calentón de una pareja de ''adultos'', ambos estaban cegados completamente por la excitación que sentían.

El novio poco a poco fue subiendo de tono las caricias y el nivel de pasión con el que daba los besos, así que para no desperdiciar más tiempo inmediatamente la levantó del pequeño sofá y con ella entre sus brazos se recostó en la cama.

—Lo-Louis —tartamudeó ella—, hay unos condones en mi bolsa.

Hablaba con cierta dificultad, Eleanor estaba sonrojada y su cabello se pegaba a su cuello. Louis haciendo caso a su aparente petición se dirigió a toda velocidad a la bolsa de su novia y buscó entre sus cosas con agilidad hasta que encontró un par de paquetes plateados.

Regresó a ella y la habitación no tardó en llenarse de gemidos y suspiros... Todo indicando que la pareja estaba teniendo sexo.

Troy estaba en la planta baja mirándose frente al espejo que se encontraba en la sala, arreglaba su corbata roja y Joanna lo veía mientras lo hacía, siempre detrás de él, siempre a sus espaldas. Troy vestía de traje negro y estaba evidentemente de mal humor. Esa tarde se daría un juicio para una posible marcha por la diversidad sexual que se daría lugar en el centro de Doncaster y él, obviamente, iría a defender el derecho del respeto hacia la humanidad y a poner a esos malditos depravados sexuales en su lugar.

¿Derechos decían? Se burló internamente, esos maricones y marimachas no tenían ningún derecho.

Joanna dejó de mirarlo y se dispuso a ver la televisión con aire ausente, hablaban del juicio que se abriría esa tarde y pasaban en las noticias los cientos de personas que estaban afuera del edificio donde se llevaría acabo. Tenían banderas coloridas y sonreían, tenían carteles apoyando la diversidad sexual. Troy escuchó la noticia y se dirigió malhumorado a apagar la televisión, dejando a un lado el labor de arreglar su corbata.

Joanna no dijo nada, simplemente agachó la cabeza.

El matrimonio se quedó en silencio un rato, mientras Troy se masajeaba el cuello, evidentemente irritado. Después de un rato comenzaron a escucharse sonidos indicando que alguien estaba teniendo relaciones sexuales. Los gemidos provenían de la habitación de su hijo y ambos reaccionaron de diferente manera; Troy sonrió victorioso, Joanna hizo una mueca de insatisfacción.

—Yo te lo dije mujer, te dije que mi hijo era un completo macho —dijo con orgullo, como si saber que Louis se estaba follando a Eleanor fuese un gran logro.

—Podrá ser, pero eso no le da derecho a tener sexo en la casa mientras nosotros estamos aquí, es una falta de respeto —dijo completamente disgustada.

Troy reaccionó inmediatamente ante su comentario, volteó a verla con repugnancia y habló en voz alta.

—¿Qué prefieres entonces? ¿Qué un maldito depravado sexual como lo son los maricones le meta el pene? Dime Joanna —le exigió elevando la voz—, ¿Prefieres que él rompa el culo o que le rompan el culo?

Joanna lo miraba horrorizada, no estaba dando crédito a lo que escuchaba. Obviamente no quería ninguna de las dos cosas. No mientras ella estuviera presente.

—¡Contesta, mustia! —le exigió él de nuevo, esta vez gritando.

Como su esposa no contestó le dio una bofetada en la mejilla derecha. Ella se quedó pasmada, completamente sorprendida se llevó la mano al rostro, tratando de comprender qué lo había orillado a pegarle. Y a continuación las lágrimas de dolor brotaron, se escondió tras su cabello largo y castaño, sumisa, con miedo. Como siempre.

Detrás del arcoíris ||L.S.¡Lee esta historia GRATIS!