Pensamos que somos felices, que estamos bien, queno nos pasa nada. Pero, en realidad es todo lo contrario. Sabes que no estásbien, aunque por dentro te sientes rota. No puedes dormir por las noches porque,al acostarte, tu pasado te atormenta.
Y comienzas a llorar porque es ahí, en ese instante, donde te das cuenta que no puedes seguir adelante, que estás atascada en simples recuerdos.
Y así estoy yo ahora mismo. No puedo dormir, porque justamente vuelvo a ese momento, a ese día en el que mi mundo se rompió en mil pedazos y en el que supe que nada volvería a ser igual.
Necesito dejar de pensar en eso. Son las 4am y sé que ya no podré seguir durmiendo. Me levanto de la cama, me pongo mis zapatillas y salgo de mi habitación.
Todo está oscuro y no se oye nada, bajo a la cocina para beber agua y cuando termino, decido subir a la terraza que hay en mi piso, para poder explorar el cielo y dejar de pensar un rato.
Al subir, me siento en el sofá que subieron mis padres aquí hace unos años. Ya que me veían mucho que subía y no había nada para sentarse.
Miro el cielo, las estrellas, escucho el silencio, la nada. De pequeña me encantaba hacer esto con mi abuela, era nuestra manera de escapar de una realidad, que no nos deja ser felices.
Una sonrisa transforma mi rostro. Qué bonito seria volver a revivir todo en familia, estar bien, hablar de lo que quieras y vivir momentos todos reunidos de nuevo.
Cuando pienso en mi familia, ella aparece en mi mente junto con todos aquellos momentos que pasábamos juntas, que no eran pocos.
Los días que pasaba a su lado, las pijamadas de noche, las risas, nuestros juegos y sobre todo lo que más llego a extrañar, eran sus consejos y la forma de escucharme.
Nunca se me llegará a olvidar aquella promesa que hicimos, la de no alejarnos nunca y cumplir nuestro sueño.
Una lágrima cae por mi mejilla, pero no voy a llorar, no. Por muy destrozada que esté no voy a llorar más, necesito ser fuerte, para poder seguir adelante.
Cuando veo que ya está amaneciendo me permito cerrar los ojos y pensar en las metas que me quedan por recorrer, los sueños que quiero conseguir, ¿Que haría de todo eso si algún día me voy?
Ese pensamiento cruza mi mente, pero lo aparto tan rápido, que ni yo misma me doy cuenta.
Respiro el aire fresco, mi cuerpo se va relajando poco a poco. Siento como el frio se cala en mí, el silencio hace que mis pensamientos vuelvan como fuego. Intento alejarlos, pero siguen doliendo.
Por mucho que pensemos que no o que intentemos olvidarlo, las heridas siempre van a seguir ahí junto con los recuerdos, de aquellos momentos que vivimos.
Abro los ojos, el cielo se convierte, en los colores más bonitos que hay y con ellos da paso al amanecer. Aquel amanecer que me ayudo tantas noches, que me vio derrumbarme y estar mal.
Pero me dio la fuerza para seguir adelante, porque un amanecer significa esperanza, porque da vida a un nuevo día, un nuevo sol, a la ilusión de que el mundo sea mejor. Y así, capturando ese momento, es como comienza uno de mis días.
Un suspiro sale de mi boca, ¿Podre seguir soportando este dolor? La pregunta pasa por mi mente y no puedo dejarla de pensar.
Así que me levanto y decido que ya es hora de bajar. Abro la puerta sin hacer ningún tipo de ruido y como compruebo, todos siguen durmiendo. Me encierro en mi habitación y cojo el diario que un día, me regalo una persona especial.
Entre palabras pierdo la noción del tiempo, los problemas se me olvidan, aunque lo mejor de escribir es que puedo desahogarme.
Hay muchísimas veces que escribo, para sentir que no estoy sola en este mundo, pero también para expresar todo aquello que siempre callo, todo aquel dolor que guardamos dentro de nosotros.
ESTÁS LEYENDO
Lograr Sanar Heridas
Teen FictionLas heridas no siempre se ven, pero todas, sin excepción dejan una marca, una huella. Algunas son profundas, otras sutiles que parecen que nunca llegaron a estar allí. Pero no importa lo grandes o pequeñas, porque todas ellas tienen algo que contar...
