Capítulo 8 (parte 4)

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—Seré vuestra esta semana, pero tengo una condición.—digo mientras coloco un mechón de pelo detrás de mi oreja.

—Soy todo oídos.—dice James al momento que se aleja de mi, apoyando la cabeza en la pared. Entrelaza las manos en su regazo mientras me observa expectante.

—Sé que Christian tiene muchos amigos aquí en París y me gustaría que me concertara una cita a ciegas con uno de ellos esta semana.— Suelto de sopetón, tan rápidamente que no estoy segura de si me habrá entendido, pero al ver su cara de desconcierto, me digo a mi misma que lo ha pillado a la primera.

Veo como su cara de desconcierto pasa a una expresión de enfado. Creo que me he metido en un lío.

—¿Una cita? ¿Con otro hombre? Estás de broma, ¿verdad? — masculla enfadado. A cada pregunta más furioso. Se rasca la barbilla mirándome.

—Estoy hablando en serio.—exclamo seriamente, aunque por dentro estoy de los nervios, espero que no lo note. — Quiero tener una relación seria, así que será mejor que empiece cuanto antes con las citas. No quiero terminar rodeada de gatos. Vosotros tenéis novia. ¿Esto te supone algo problema? —alzo una ceja esperando a que no me contradiga. Ahora mismo podría escupir fuego por la boca.

—Puedes hacer lo que quieras.—dice imitándome y levantando una ceja.—Excepto follar con él mientas estés con nosotros. Sólo serás nuestra. ¿Entendido?

—Entendido.

Se vuelve a acercar lentamente, hasta que nuestras narices se rozan. Un sonoro gemido sale de mi boca sin tener siquiera tiempo a controlarlo. Nuestras narices se acarician, mientras nos miramos fijamente. Quiero perderme en sus ojos, son atrapantes, me poseen. No puedo apartar la mirada, es imposible.

Tira de mi labio inferior y cierro los ojos. Sintiendo como duele, pero es un dolor placentero. Pasa el dedo pulgar por mi labio inferior y mi boca se abre para chupárselo. Su repuesta es inmediata, un gemido ronco se queda atrapado en su garganta. Lo saco de mi boca y lo lleva a la suya. Le gusta provocarme. Se relame el dedo, probando mi saliva.

Nuestras se bocas se lanzan desesperadas la una por la otra. Movemos nuestros labios como locos. Como si de una droga se tratara. No nos podemos separar. Ahora no. Saco mi lengua y el la succiona con sus labios. Coloco mis mano en sus pectorales, intentando desabrocharle la cremallera a tientas, pero me agarra las manos y se aparta de mi.

Mis labios se sienten vacíos, quieren más de James. Nunca tendrán suficiente de él. Y en mi mente recuerdo el beso a tres bandas que habíamos tenido hace unos días con ellos dos. Tendría que haber sabido que esto era lo que en realidad querían.

Lo miro confusa. ¿No quiere que juguemos?

Nos miramos fijamente sin apartar la mirada, es una batalla. Veo como se muerde el labio, y no puedo evitar mirar. Se pasa la lengua lentamente por el labio inferior. Una enorme sonrisa aparece ante mis ojos, el muy gilipollas sabia lo que hacía. Le lanzo una mirada furiosa. Sabe que ha ganado.

—Será mejor que bajemos antes de que a don perfecto le de un infarto.

Se levanta y yo hago lo mismo, los pies me duelen un montón. Malditos tacones.

—Las damas primero.—dice haciéndome una reverencia con la mano. Le doy un ligero puñetazo en el hombro y finge que le duele. Camino delante de él, moviendo las caderas de forma exagerada, al igual que ya había hecho anteriormente.

—Por cierto, ese nuevo look te hace demasiado follable.— Por un momento pierdo el equilibrio, pero me recompongo. Jodido James. Y esas simples palabras me hacen volverme loca de deseo.

Mi PerdiciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora