35 « Das amor y amor recibirás.

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Brooklyn.

Miré a mi lado y aún no podía creerlo. Sonreí, sintiendo las pequeñas descargas eléctricas en mi cuerpo.

No podía dormir. Mi mente estaba absorta en mis más profundos pensamientos.

Bien, quizás, no tan profundos. ¿Era muy evidente lo enamorada que estaba de Jake?

Sonreí por lo bajo. ¿Cuándo me he vuelto tan cursi y por qué ustedes me permiten serlo?

Un frío recorrió mi espalda.

Estaba muy segura de lo que quería, pero aún así necesitaba el voto de confianza por parte de Trinity.

— No puedo guardarme más esto —confesé susurrando.

Ambas estábamos acostadas sobre el tejado de mi casa, mirando el azul marino de un nocturno cielo en una noche despejada y estrellada.

— ¿Y qué esperas, chica? —dijo Trinity golpeando levemente mi hombro con el suyo— ya díselo ¿Cuánto más necesitas esperar?

Suspiré.

— No lo sé, quizás se ha cansado de verdad de mi y... yo no sé si debería

— Excusas —interrumpió sonriendo, concentrando su vista en el cielo.

— ¿Y si ya no me quiere? —dije temiendo por su respuesta.

Trinity suspiró. Se rascó la cabellera y habló:

— No sé qué sentirá Jake, Brooklyn. Pero de algo estoy segura... Cuando se miran, es amor. Puedo percibirlo en el aire —rió— solo falta que ustedes dos se den cuenta de cuán absurdo es que sigan esperando. ¿Qué es lo que esperas? ¿Cuál es tu miedo? ¿Fallar otra vez? Brooklyn, no hay nada de malo en fallar. Lo único malo de todo esto es que no te arriesgues y que, por seguir esperando, venga alguien más a arrebatarte al chico. No te aseguro final feliz, ni que se queden juntos toda la vida, tampoco una boda con luna de miel en el Caribe, pero te prometo que no te arrepentirás. Es simple, das amor y amor recibirás.

Y no me arrepentí.

Subí más la ligera sábana que cubría mi cuerpo desnudo. Me aferré a la persona que tenía a mi lado. Vi como él sonreía entre sueños y hacía más fuerte su agarre en mi espalda.

No habían dudas. Lo amaba...

Tengo apenas diecisiete años, soy joven, lo sé. Sé que no será mi único amor, que no será el último. Que esta vez, no es la primera que me romperán el corazón. Sé que vendrán más, porque, ¡Vamos! me queda toda una vida por delante. No será el padre de mis hijos, ni tampoco mi esposo, con quien tendré una boda al aire libre ni una luna de miel en el Caribe. Y, quizá, sea cosa de adolescentes. Pero mientras dure, prometo disfrutar cada segundo al lado de este chico. Me aferraré a él y no lo dejaré ir.

Bostecé, y lentamente mis ojos se fueron cerrando.

Miré a la luna por última vez, confesandole cuanto lo quería. Y me dormí.

***

A la mañana siguiente, me asusté cuando vi que Jake no estaba a mi lado.

¿Se fue? ¿Otra vez?

Me levanté sosteniendo la sábana contra mi cuerpo y me puse mi ropa interior que estaba regada por el suelo.

Si se ha ido, lo mataré. ¡Juro que lo mataré!

Bajé las escaleras silenciosamente y me sorprendí al verlo en la cocina, leyendo concentrado un libro de cocina que tenía mi madre.

Se veía adorable con el ceño ligeramente fruncido, mientras refunfuñaba pequeños insultos por ser todo tan complicado.

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