Especial Vivienda 01

57 6 0

Me llamo Vivienda Karavana. Karavana es mi apellido, no mi segundo nombre, no os confundáis, que no me hace ninguna gracia que se equivoquen. Soy la futura esposa de Edem, o por lo menos lo era antes de que esos bastardos del ejército lo ejecutasen. No tenéis la más mínima idea de cuanto los odio por arrebatarme lo que yo más quiero.

Hace unas semanas dejé mi antigua vida como soldado de la tropa exterior, precisamente el día que Edem murió en la guillotina.

¡Cómo lo echo de menos!

En serio, no puedo parar de pensar en él. Desde aquel día que me encontró mendigando en la calle y me dio un hogar...

Quizá os estéis preguntando cuál es mi objetivo ahora. Bueno, diría que es resucitar a Edem, pero no tengo muchas esperanzas.

No quiero morir, por lo menos no estoy dispuesta a quitarme la vida, él no lo habría querido. Hubo un tiempo en el que barajé esa posibilidad, pero ahora ni lo dudo. Voy a vivir, sobreviviré, y cumpliré el sueño de mi amado: Abrir una peluquería.

Así es, ese era su sueño. Nunca lo decía porque era algo que le avergonzaba, pero él era quien me cortaba el pelo cada semana. Gracias a su arte con las tijeras yo llevaba un pelo pantene cada día, aun a pesar de que fuéramos pobres. Su madre estaba orgullosa de nosotros. De mí más, porque yo era la que le ayudaba en las tareas de la casa, aunque, como ella decía, "nos comía la mierda".

Historias de mi infancia con Edem...

Ahora no vienen a cuento, así que me centraré en algo más actual y de mayor relevancia:

Mi huida de la civilización.

Como ya he dicho, tras perder a Edem abandoné el ejército. Soy una chica muy fuerte, con el pelo negro y la piel clara. Hay quien dice que soy una asiática falsa, porque mis ojos no son tan achinados como los de los asiáticos de verdad, de hecho, mis ojos son como los de los demás, aunque indudablemente más bonitos. A él le gustaban, aunque nunca me lo dijese cuando aún estaba vivo.

No tenía dónde ir, así que decidí visitar la farmacia del padre de Edem, que se encuentra en el muro Dedala. Gracias a su localización intermedia en los muros pudo salvarse su local de la invasión de los giganteses. Pensaba explicarle todo lo sucedido con su hijo, ya que, salvo que lo hubiera escuchado pro la radio, aún no lo sabría.

Tardé dos días andando en llegar, y cuando por fin lo hice encontré un cartel en la puerta de la farmacia en la que alguien había escrito con un permanente de los chinos:

"Cerrado hasta que vuelva a abrir"

¿Qué podía hacer yo en ese momento? Me empecé a plantear que quizá abandonar mi puesto de soldado de la tropa exterior había sido un error. Podría haber vengado la muerte de Edem salvando a la humanidad y derrotando a todos los giganteses, pero eso me sonaba demasiado estúpido, por no hablar de que es lo que todos dicen en estas situaciones. Todos los soldados, cuando pierden un ser querido no hacen otra cosa más que enfadarse y gritar que derrotarán a cada uno de los giganteses aunque les cueste la vida, o que lucharán cada día hasta que la humanidad se restaure etc.

Decir esas cosas es de tontos. Ninguno de nosotros podrá hacer nada contra los giganteses utilizando únicamente el equipo de cuerdas y esas espadas endebles. Necesitábamos a Edem para luchar. Él podía convertirse en un gigantés. Con ese extraño poder hubiéramos podido recuperar el muro Tribia y posteriormente ampliar nuestro territorio hasta poder vivir en paz.

Ahora ya es tarde para pensar en eso. Está muerto y no hay vuelta atrás. Necesitamos un nuevo plan.

El sueño de Edem era la zapatería, pero eso debía esperar. Si la población bajaba de modo alarmante por los ataques periódicos en los distritos, llegaría un momento en el que nos quedaríamos sin clientes, y nuestra tienda sería un fracaso. Yo no he estudiado marketing, de hecho, ni siquiera pude ir a la escuela, pero sé que sin clientes no hay ventas y sin ventas no hay dinero, y sin dinero no hay iPhone. Así teníamos que salvar a cuantos más humanos posibles para poder venderles luego zapatos.

Ataque a los Giganteses¡Lee esta historia GRATIS!