Capitulos 1 a 4

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Introducción

Dos brillantes esferas iluminaban los Terrenos Prohibidos en Aquilia. No había alma o persona que se atreviera a pisar los dominios gobernados por Asrhud-Unek, y mucho menos ahora, pues su rabia era evidente a toda criatura.

¿Qué ocurría? ¿Qué había despertado al demonio, aparentemente dormido? Nadie lo sabía.

El castillo era una mole de acero, de paredes levantadas por el mágico poder de la reencarnada; una magia que le impedía salir al exterior. La estructura estaba dominada por tres torres de diferentes tamaños, siendo la del centro más alta que las restantes. Asruhd-Unek ocupaba la central, sumido en la más siniestra oscuridad. Una esfera roja levitaba en el centro de la misma. Hasta no hacía mucho, ese globo proyectaba la imagen del primogénito de los Dra'hi. A través de él seguía sus pasos, conocía sus intenciones y hasta sus pensamientos. Pero el chico se había vuelto más fuerte; tanto, que no podía entrar en su mente. Sin Kun nunca podría salir de esa estructura. Lo había intentado con el menor de los Dra'hi, sin embargo su fuerza era tan elevada que su imagen le hacía temblar cuando era reflejado.

Furioso rugió por su fracaso y una persona acudió a su ayuda. Era un hombre de gran porte que vestía de negro; ceñidos pantalones agujerearos en varias zonas y botas altas del mismo color. Sobre su cadera caían dos cinturones de cuero entrecruzados uno con otro, que amarraban dos afiladas espadas. Su pecho iba protegido por una coraza gris y por último sus hombreras representantes de cabezas de dragones. De estas salía una capa negra que llegaba hasta el suelo. Sus brazos iban resguardados por antebrazos. Su rostro iba envuelto en vendas negras que cubrían su boca y parte de su cabeza. Sus ojos quedaban al descubierto, siendo de un extraño azul. El nombre de tal ser que servía con ahínco a Asruhd-Unek, era Vance, y en ese momento hincaba la rodilla frente a él.

—Mi señor, sé que el Dra'hi se ha vuelto más fuerte y ha rechazado cualquier posibilidad que tuviera de hacerse con su control. Pero si me permite abandonar la ciudadela, iría tras él y le juro que haré todo lo que esté en mi mano por traerlo a su lado.

—Sabes lo importante que es para mí. También eres consciente de tu poder; no quiero que lo dañes, únicamente tráelo a mi lado.

—Puede estar tranquilo, no le mataré —aseguró Vance y al alzar la vista sus extraños ojos centellearon de una forma peculiar—. Ahora, si me permite, he de partir. Los Dra'hi acaban de pisar suelo Aquiliano.

—Los terrenos de Aquilia son peligrosos, agotadores, espera a que se encuentren extenuados para atacarles. Entonces tendrás más posibilidades. Nunca ceses la persecución, y recuerda que ahora los hermanos viajan juntos, además de la chiquilla que acabó con Asruhd-Devra.

—Seré muy cuidadoso. Con su permiso, me llevaré a varios hombres.

El demonio asintió. Su secuaz desapareció para al instante encontrarse en la puerta del castillo. Frente a él se extendían una centena de cráteres, algunos inundados de lava, aunque más inquietante eran los cientos de engendros del lugar.

Vance gritó y muchas criaturas, cubiertas de sucios harapos, portadores de largos brazos que caían hasta el suelo, respondieron al rugido. Al instante los Terrenos Prohibidos quedaron desprotegidos de un gran número de seres, quienes a partir de ahora complicarían la existencia a los Dra'hi e intentarían por todos los medios traer al primogénito y someterlo al ritual para la liberación de Asrhud-Unek.

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Un compañero más

(Xin)

La situación les pilló de improviso; estaban rodeados. El hecho en sí no alarmó al grupo, pero sí encontrarse a Nathair hecho preso. Tenía un aspecto lamentable; había perdido mucho peso desde la última vez que lo vieron y sus ropas oscuras lucían holgadas sobre su cuerpo. Sus cabellos rubios y ondulados caían sobre su nuca, y sus ojos, azules, seguían tan intensos como siempre, muestra del poder que dormitaba en su interior, aunque mostraban más tristeza de lo habitual y con ellos, rogaba a los Dra'hi que le ayudasen. Fue Xin quien tomó la iniciativa, pues esos hombres no eran nada para él. Agitó su mano derecha con rapidez, señalando a sus enemigos y un soplo de viento los lanzó metros atrás. Desorientados, algunos se pusieron en pie. Preferían enfrentarse a la furia del joven Dra'hi, antes que a la violencia de Juraknar tras descubrir que habían perdido a Nathair y desenfundaron sus espadas. Complacidos vieron que Xin controlaba su magia y blandía su espada, en dirección a ellos, algo que apreciaban, pues iban a enfrentarse en igualdad de condiciones. Y entonces se le acopló Kun. Ambos Dra'hi estaban juntos y fueron a por los hombres del inmortal

Hijos del dragón 3. UniónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora