Veintinueve.

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Cuando volvimos a casa después de aquella noche bajo las estrellas, Sam tenía que volver a Los Ángeles.

Mamá seguía con la tonta idea de que yo me quedara en Omaha, y como no tenía ganas de discutir con mi madre, me quedé en Omaha.

Me quedaría en Omaha hasta que tuviera los cuatro meses y volvería al octavo para poder tener al gusano en Omaha, pues ahí si necesitaría la ayuda de mamá.

Los meses habían pasado realmente rápido, tenía dos meses sin ver a Sam y en algunas semanas cumplía los cinco meses de embarazo.

Sam me llamaba todos los días para ver como estaba, como iba en el todo lo del embarazo y que quería saber lo que era el gusano, también me hacía preguntas sobre Stew, y mis padres y también me pasaba la línea con Nate.

Enserio extrañaba mucho a Nate, más de lo que hubiera pensado. Nate es mi hermano mayor, y también fue como uno de mis primeros amigos, claro que lo iba a extrañar.

Como ya antes les había dicho, estar embarazada hace que te den ganas de hacer pipí las veinticuatro horas del día, así que eran las seis de la mañana y yo tenía que ir al baño.

Había estado durmiendo en la misma habitación que Stew, donde dormían él y Nate, y yo dormía en la cama de Nate. ¿Por qué? Pues porque no quería dormir sola.

Me levanté al baño, estaba descalza y el suelo realmente estaba frío. Caminé hasta al baño e hice mis necesidades, me vi al espejo. El gusano ya estaba realmente grande y a veces hasta me dolía la espalda de lo que pesaba.

Al salir del baño sentí una hambre inmensa, así que tuve que bajar a ver sí había algo de comer.

Al pasar por el pasillo que conducía a la puerta de entrada vi que habían dejado un sobre bajo la puerta. Me acerqué y me agache, como pude ya que el gusano no me dejaba, y tomé el sobre.

El sobre no tenía remitente, pero si tenía destinatario: 'Samuel Wilkinson & Camila Maloley'. Al principio dudé en abrirlo, pero aún así lo hice.

‘Cuidense las espaldas..’ Era lo único que el sobre decía, me sorprendí un poco, más no me asuste, sólo era una mala broma.

Prepare mi cereal y después fui a la sala de estar para poder ver la televisión por un rato

Estaba tranquila viendo un programa de televisión donde solo cocinaban deliciosos pasteles de chocolate.

¡Por Dios Camila! Deja de pensar en comida, después del parto serás una foca y ya después no podrás bajar esos kilos.

Y hablando de parto, ¿cómo voy a parir? Jamás he dado a luz, y debe de doler mucho. ¿Por qué los bebés no pueden salir sin causar dolor?.

Sentí mi teléfono vibrar de nuevo y con toda la flojera del mundo lo desbloqueé para ver un mensaje de Nate.

“Nate: Espero que vayas por tu sexy hermano al aeropuerto ;)”

¿Qué? ¿Hoy llegaba Nate? Y si llegaba Nate era obvio que Sam también venía. Apagué el televisor, deje los platos en el lavabo y subí a mi habitación lo más rápido que pude.

Tomé una rápida ducha y después me vestí lo más rápido posible. Fui a la habitación de Stew y después de verme frente al espejo probandome una de sus gorras decidí despertarlo.

-Stew, Stewart.-Dije calmada y moviéndome un hombro, él sólo quitó mi mano y gimió un poco.-Oye..

-¿Qué?.-Preguntó, pero aún seguía dormido, medio muerto ahí.

-Levantate.-Volví a moverlo del hombro y él se dio le media vuelta quedando boca abajo, rodé los ojos.

El teléfono de Stew no dejaba de vibrar, ¿qué acaso no lo escuchaba?.

El pobre teléfono parecía que tenía un calambre, tomé el teléfono e intenté desbloquearlo.

Sí fuera Stew, ¿qué contraseña de cuatro dígitos le pondría? Exacto, mi fecha de cumpleaños.

Tenía mucho mensajes, también muchas notificaciones y como toda buena hermana mayor abrí sus mensajes.

Tenía un mensaje de Nate que decía lo mismo que me había puesto a mi, uno mío, mensajes de mis padres, de sus amigos y de sus amigas, bien ese último no me gusto mucho.

Y cuando los abrí me di cuenta de que era la peor hermana del mundo, pues hoy era su cumpleaños y yo ni enterada.

Bajé a la cocina de nuevo, saqué pan y busqué crema batida o nutella.

Encontré nutella y comencé a untarla al pan, hice como cinco capas así y después busqué una vela, se la coloqué en la punta y volví a subir.

Le canté el ‘feliz cumpleaños’ y sólo así logré que despertara para después pedirle que me llevara al aeropuerto por Nate y Sam.

¿Qué linda soy, verdad? No es mi culpa no saber manejar, ¿bien?.

The Sky isn't the Limit | Sammy Wilk¡Lee esta historia GRATIS!