Dime, ¿Cómo reaccionarías si tu cuidador/entrenador/compañero de piso acabara de entregarte una de las mejores noches de tu vida? 

Seguramente te sentirías extraña, igual que yo. 

Desde aquella noche las cosas estaban extremadamente tensas entre Joey y yo. Pasó todo muy rápido, sin tiempo a dejarnos reaccionar y asimilar lo que estaba pasando. 

-Buenos días- Saludé entrando a la cocina. 

Joey estaba sentado en la silla, tomándose un batido de espinacas mientras miraba interesado la televisión, en la que estaban echando las noticias.

-Buenos días- Me contestó seco, din dirigirme ni una sola mirada. 

Me evitaba. Eso estaba claro desde el momento en el que (Como diría mi madre) le entregué mi "Tesoro Carnal" 

No sabía muy bien la razón por la cual se acostó conmigo si luego iba a pasar de mí como si fuera una pared más de la casa. Por ese motivo, era por lo que estaba tremendamente cabreada, y no tenía pensando quedarme callada, esperando a que él quisiera hablar. 

-¿Te pasa algo?- Me aventuré a preguntar, temiendo de su reacción.

-No- Contestó seco- ¿Por qué? ¿Debería pasarme algo?- Estallé en ese preciso intante.

No era de las personas que se molestan con facilidad (O a lo mejor sí) pero no estaba dispuesta a quedarme con la palabra en la boca. Iba a hablar, tenía que hablar.

-No entiendo tu actitud.

-¿Mi actitud? No sé que le pasa a mi actitud.

Suspiré forzadamente para hacerme notar, ya que sus ojos seguían fijos en la televisión.

-Tú actitud Joey, es de lo más pasota. Pareces un niño pequeño, ¿Te arrepientes de haberte acostado conmigo? ¡Bien! Pero por lo menos dímelo y no me evites como si no estuviera viviendo bajo el mismo techo que tú, porque estoy extremadamente harta de este comportamiento.

Joey desvió su mirada, fijándose en mis ojos por primera vez. Parecía haber reaccionado ante mis palabras porque se levantó bruscamente del sofá y se acercó con paso firme hasta donde yo estaba.

Intentaba no tensarme demasiado para que él no lo notara, pero era casi imposible. Mis piernas estaban a punto de volverse gelatina cuando lo tuve a escasos centímetros de mi.

-No me arrepiento de haberme acostado contigo- Solo esa frase bastó para que sonriera de felicidad interiormente. 

-¿Y entonces porque te comportas como un capullo?- Questioné cruzándome de brazos.

-Porque lo nuestro no puede ser. No puedo mantener una relación contigo, sería peligroso. Es de las cosas que tengo prohibidas. 

-¿De las cosas que tienes prohibidas? ¿Te hicieron firmar un papel o algo?- Pregunté con burla, aunque mi cara se volvió pálida cuando supe que era enserio.

- Simplemente no podemos estar juntos.

-Para el carro- Dije levantando las manos- ¿Quién te ha dicho a ti que yo quiero tener algo contigo?- Pregunté cruzándome de brazos bajo el pecho. Joey enarcó una ceja.

-Vamos, se nota que estás coladita por mí Daniella, no lo niegues- Me guiñó un ojo descaradamente- Por ciertto, mi hermana va a venir aquí por un tiempo. Con ella estarás a salvo mientras yo estoy fuera unos días.

-¿Te vas?

- Si, tengo que hacer unas cuantas cosas. Entrenarás con ella durante toda la semana, ya le he dicho cuales son tus ejercicios habituales- Puntualizó. 

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