Capítulo 9: Fuego y dudas. (+18)

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[Tatatachaaann!!! Después de tanto tiempo actualizo!!! Lo sé, ahora mismo todos me odiáis por no subir antes, pero en mi defensa diré que entre los exámenes primero, luego que se me rompió el pc y luego que ha llegado el verano y hace más de 40 grados... Y encima llevo 5 días de festival... Jajaja. OS pido perdón de mil maneras diferentes, pero que mejor forma que con este capítulo subido de tono jejeje espero que les guste, no os olvidéis de comentar y votar!!! Gracias a todos por la paciencia y por leer!!]

El beso entre Tyler y yo subía de intensidad, en ese momento todo era lenguas, saliva, dientes y labios moviéndose con ansias. Tyler agarró mi trasero y me impulsó para que enrollase mis piernas en sus caderas. Una vez hecho eso y estando nuestros sexo en contacto, con la ropa puesta aún, Tyler anduvo hacía su habitación, ya que es la más cercana, dejando un reguero de ropa a nuestro paso. Cuando entramos por la puerta, todo eran gemidos, manos tocando y acariciando cada parte de nuestros cuerpos, besos ansiosos y húmedos, Tyler me arrojó a la cama estando los dos solo en ropa interior. Se quedó unos segundos de pie, observándome, con su mirada abrasadora y llena de lujuria, causando un estremecimiento por todo mi cuerpo.

Su cuerpo parecía esculpido por los mismos Dioses para el pecado, sus abdominales bien formados y marcados, un pecho definido y con forma, su espalda ancha, sus grandes y fuertes hombros, acompañados de unos brazos enormes y musculosos y como no, ese hilo de bello oscuro que va desde su ombligo perdiéndose debajo de su bóxer. Mordí mi labio con fuerza por puro nerviosismo y excitación mientras alzaba la mano para poder tocar su cuerpo escultural. Cuando mis yemas hicieron contacto con su suave piel, sentí una descarga eléctrica que fue desde mis dedos hasta mi columna vertebral, extendiéndose de ahí por todo mi cuerpo, un jadeo se escapó de sus labios y eso me hizo encenderme aún más.

Tyler se tumbó sobre mí, haciéndome notar el calor de su piel y la deliciosa sensación de su cuerpo pegado al mío, sometiéndome en un beso avasallador. Su lengua juagaba con la mía, recorría con rudeza y desesperación cada rincón de mi boca, mientras, sus exigentes manos, recorrían cada centímetro de mi cuerpo, tocándome, acariciándome, quemándome... Sus caricias eran abrasadoras y demandantes, al igual que su boca, no podía contener los gemidos que me arrancaba cada vez acariciaba y pellizcaba mis pezones por encima del sujetador. Yo me agarraba como podía a sus fuertes hombros, dejándome llevar por él. Tyler besaba, mordía y lamía todo mi cuello y sus manos se dedicaban a memorizar cada centímetro de piel expuesta, eran manos sabías, sabían cómo tocar y donde hacerlo para volverte loca. Tyler fue bajando con su boca hasta llegar a mis pechos, cuando estuvo ahí se separó de mí para quitarme de un ágil movimiento mi sujetador y mis braguitas, ya de paso.

-A veces odio la ropa. – gruñó acariciando mis pechos ahora desnudos y arrancándome un gemido desde lo más profundo de mí.

Eso pareció satisfacerle, porque sonrió de medio lado antes de coger mis muñecas y agarrarlas por encima de mi cabeza, inmovilizándome al completo y exponiéndome a él, para luego tirarse a morder, lamer y chupar mis pezones, apretar con una mano mi trasero con la intensidad justa para causarme placer y no dolor y frotar su gran y palpitante miembro contra mi sexo, en una acto, que podría considerarse tortura sexual, ya que no probé algo tan exquisito nunca, de pronto el placer era demasiado intenso y no paraba de gemir y de retorcerme, quería tocar su cuerpo, agarrarme a él y hacerle que se sintiera como yo, iba a llegar a otro orgasmo sin ni siquiera tocarme allí abajo, estaba al borde del abismo cuando Tyler paró.

-No muñeca, quiero que te vengas conmigo. – susurró en mi oído con la voz ronca y rasposa debido a la lujuria.

Esas palabras me hicieron soltar un jadeo, y él atrapó mis labios en un tórrido beso que mató, si aún quedaba alguna, mis neuronas y cualquier indicio de duda que pudiese surgir, si es que pudiera surgir alguno a esas alturas, cosa que dudaba, porque no podía pensar con claridad en esos momentos, cosa de la que seguro me arrepentiría después.

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