Veintiocho.

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-Camila, Camila.-Escuchaba muy a lo lejos la voz de Sam, me moví un poco y pegué la almohada más a mi.-Mila levantate.-Me moví un poco y abrí los ojos para ver a Sam en mi habitación.

-¿Qué haces aquí?.-Le pregunté, él se sentó junto a mi en la cama.

-Levantate, quiero mostrarte algo.-Me dijo moviendo aún mi brazo.

Me levanté de la cama, fui a lavar mi rostro y después me puse un suéter.

Aún era muy temprano y hacía algo de frío ésta mañana. Volví a mi habitación y tomé mi teléfono para ver la hora; 3:24.

-¿Acaso estás loco?.-Le pregunté bostezando, él río y asintió.

-¿Me acompañarás?.-Preguntó, asentí y le di mi mano para levantarse.

En mi casa aún reinaba el silencio, los dos bajamos y después salimos hasta su automóvil. Esperen, ese no era su automóvil.

-¿Y tu auto?.-Le pregunté, él me abrió la puerta del copiloto del pick up sin decirme ninguna palabra.

Se subió al auto y comenzó a manejar mientras yo observaba todo el auto, que no me parecía nada familiar.

Observaba a Sam conducir, se veía realmente bien conduciendo. La luz del sol saliente hacía que él se viera realmente guapo y eso me encantaba.

Él sabía que yo lo estaba mirando y me sonrió sin verme, sonreí y desvíe la mirada.

-Me gusta que me veas.-Dijo, reí y me cubrí el rostro con las manos.

Era increíble que a pesar de todo lo que él y yo habíamos pasado aún así él me ponía nerviosa.

-Odio que me pongas nerviosa.-Le dije, escuché su linda risa.

-Pues a mi me encanta ponerte nerviosa, ¿recuerdas lo nerviosa que estabas cuando te invite a salir la primera vez?.-Recordó riendo, ese fue el día mas vergonzoso de mi vida.

-Tenía catorce, y me gustabas.-Le dije con algo de pena, sentía mis mejillas muy rojas.

-Lo sé, recuerdo que yo llevaba tu mochila y que te habías molestado con Nate por no ir por ti.-Dijo, era increíble como Sam se acordaba de todo eso.

-Él sabía que me gustabas, por eso hizo eso.-Le dije, él tosió falsamente.

-De hecho yo lo convencí, tú me gustas desde hace años, Mila.-Dijo con seriedad.

-El punto es, ¿a dónde vamos?.-Le pregunté, se veían puros árboles y el sol estaba por salir aún mas.

Quizás ya eran como las cinco de la mañana.

-Por aquí y listo.-Dio vuelta y se metió por entre los árboles.

Se detuvo en medio de la nada, con la vista a un gran cerro totalmente a oscuras.

-¿Se supone que tengo que bajar?.-Le pregunté al ver que él bajo.

-Por supuesto.-Abrió mi puerta y me dio la mano para ayudarme a bajar.

Caminamos hasta la ‘caja’ del pick up y Sam la se subió, me ayudó a subir y pude ver y sentir mantas en ésta.

-¿Qué hay aquí?.-Pregunté al mismo tiempo que me sentaba lentamente.

-Una vez me dijiste que te encantaría observar las estrellas hasta que el sol aparezca, eso vamos a hacer.-Él se sentó junto a mi y después se acostó.

Me recoste sobre su pecho y nos cubrí con una manta.

-Eres el mejor, Sam.-Besé su clavícula y él río.

-¿Tienes frío?.-Preguntó, asentí.

Se movió un poco hasta que pudiera besar mis labios. Se fue acostando sobre mi y sonreí.

Sonará raro, pero una vez estaba pensando en las cosas que me gustaría hacer antes de morir y una de ellas era hacer el amor bajo las estrellas.

Fui desabotonando su camisola, él sonrió en medio de nuestro beso y me dejó seguir con lo mío. Saqué su camisola por completo y él se separó de mis labios.

-¿Estás segura?.-Me preguntó, asentí.

-El gusano aún es muy pequeño, no le pasara nada.-Él volvió a juntar nuestros labios y así se fue dando todo hasta cometer el dichoso acto.

Me volví a recostar sobre su pecho desnudo, sintiendo todo mi cuerpo helado y los dedos de mis pies congelándose.

-Te amo más que a nada, Camila.-Me dijo besando mi cabeza.

El sol comenzaba a salir.

The Sky isn't the Limit | Sammy Wilk¡Lee esta historia GRATIS!