🪷 Arco de cerezos 🪷

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La estación más esperada es la primavera, cuando el aire fresco acaricia la piel y las flores florecen, pintando el suelo de un rosa suave que se mezcla con el aroma dulce de la naturaleza

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La estación más esperada es la primavera, cuando el aire fresco acaricia la piel y las flores florecen, pintando el suelo de un rosa suave que se mezcla con el aroma dulce de la naturaleza.

El sonido armonioso de las sonrisas captaba la atención de una joven azabache. Frente a ella se proyectaban bellezas de comida que parecían obras de arte, mientras una radiante familia reía en perfecta sincronía.

Con suspiros que partían de su pecho, la joven abandonó el ambiente amigable. Con pesadez sostenía su bolso, y sus pasos, firmes, resonaban contra el duro cemento.

Las flores caían suavemente depositandose en su cabellera, tiñéndola de tonos rosas. Acariciaban su piel fina y suave.

"Quisiera convivir en familia como ellos lo hacen" Pronunció entre susurros, seguido con un puchero.

Con cautela se acercó al césped y tocó suavemente los pétalos de cerezos, admirando como la brisa fresca movía las hojas y los pájaros cantaban. Con paciencia sacaba los lonches de comida, esperando la llegada de una de sus compañeras. Mientras seguía en la espera, observaba cómo los niños jugaban junto con sus mascotas y como las madres de familia pláticaban entre si.

La vista era hermosa y acogedora, pero algo captó la atención de la joven. Entre la multitud, destacaba una figura delgada y solitaria. Desde su punto de vista, observaba sus delgadas manos tocar la madera del diminuto lápiz que sostenía mientras las hojas blancas de su cuaderno se llenaban de pequeños trazos, dando forma a un dibujo. Alrededor del joven, se extendía una vista preciosa: una fila de árboles que brotaban esas flores de cerezos y ciruelos juntando sus ramas entre sí dando la forma de un arco bien hecho.

Con regocijo admiraba y, sin prestar atención, no escuchaba los reclamos de su compañera recién llegada.

"Pss, oye T/N" dijo la compañera, tratando de captar su atención "¿no me estas escuchando?".

"Ah, si, perdón no había notado que ya habías llegado" dijo, despreocupada, al darse cuenta de la presencia de su amiga.

Con una sonrisa traviesa, se atrevió a hablar con una pizca de burla. "Se nota lo distraída que estas, ¿te interesa ese chico de allí" Apuntó hacia la dirección donde miraba la joven dama.

"¿Que?, ¡No!" Exclamó con evidente vergüenza.

"Solo estoy jugando, aunque el chico no está feo, sería bueno que le hables ¿no creés?. Se ve solo".

"No seas ridícula, ni lo conozco" dijo, ante las palabras dichas de su acompañante.

"Pero ese es el sentido. Tú no llegas a hablar con alguien "conocido", debes sacar conversión. Te va ayudar a ser más comunicativa" hablo la joven con una voz tranquila. "Piénsalo bien, no necesariamente tienes que hablarle como si lo conocieras de hace años. Ve y acercate, dale este dango. Hoy es un día para celebrar ¿no?, no estarás sola, llegare en un rato deja guardo las cosas y vamos hablarle".

"Solo a ti se te ocurre hacer estas cosas. Dame el dango; voy a ir, tal vez sea entretenido".

La joven a su lado chillo de alegría, entregando el preciado dango, mientras la joven azabache rodaba sus ojos con una sonrisa juguetona.

Sin más que decir, la joven se levantó de su sitio sintiendo como su corazón latía más rapido con cada paso, sus manos temblaban levemente mientras se acercaba al chico. Mientras avanzaba, la suave brisa le acariciaba su rostro; un ligero escalofrío recorrió su espalda recordándole lo vulnerable que se sentía en ese momento, haciéndola soltar un quejido leve. Se acercó con cautela al joven, inclinando la cabeza para ver que hacía; se sentó a su lado sin reproche alguno.

El joven miro de reojo sin darle importancia alguna. La atmósfera entre ellos se cargo de un silencio cómodo, apenas interrumpido por el suave murmullo del viento.

Finalmente, se animo a romper el silencio. "¿Te importa si te acompaño un momento?" pregunto con voz suave.

El joven levanto la vista, sorprendido ante la repentina interacción.

"Ahm" titubeó mientras sus dedos jugueteaba nerviosamente con el dango antes de extenderlo hacia el. "Te ofrezco este dango" dijo con una sonrisa tímida, esperando que su gesto sea bien recibido.

"Oh gracias" murmuró en voz baja, tomando el dulce que ella le ofrecía.

El sol se ocultaba y a medida que bajaba la temperatura también lo hacía. El cielo teñido de colores naranjas; era una vista agradable, embellecido por el arco que se extendía sobre los dos jóvenes. Ella sonrió y se atrevió a darle un mordisco a su dango, mientras el ya había comido el suyo. La escena le causó gracia, y sin querer, llamo la atención de su acompañante.

"Oh, que tranquilo esta el ambiente" Exclamó la otra joven, que venía cargada con las cosas. "¡Traje la comida! ¡Holi, chico que no conozco! ¿quieres comer?" sonrió dulcemente extendiendo la canasta.

Al principio la chica de cabello azabache se sentío cohibida como si no perteneciera a ese momento. Pero, poco a poco, a medida que el joven interactuaba con ellas, una calma reconfortante la envolvió. Quizás no era tan mala idea, después de todo, acercarse a alguien nuevo. El ambiente, que al principio parecía ajeno, se tornaba cálido y familiar, como si siempre hubieran estado ahí los tres, bajo los cerezos, compartiendo un pequeño instante de paz.

Sería una noche larga, pero emocionante.

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⏰ Última actualización: Sep 11, 2024 ⏰

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𝑱𝒖𝒖𝒛𝒐𝒖 𝒙 𝒍𝒆𝒄𝒕𝒐𝒓𝒂 - 𝒪𝓃ℯ-𝒮𝒽ℴ𝓉'𝓈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora