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-Capítulo 21: "Final inevitable"-

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Luego de otros cuatro días, el viaje había llegado a su fin. Esa noche sería el fogón de despedida, y ya todo habría terminado.

Marian y Julia seguían sin hablarse, lo cual era raro después de haberlas visto pasar tanto tiempo juntas; Fran se había mostrado más frío; no podía contarles a sus amigos sobre la charla con Mar. Lo creerían débil.

Y lo que le faltaba sería que, además de saberse así, los demás también lo supieran.

— ¿Estás listo? Es nuestra última salida antes de la ceremonia para decir adiós —Guido le llamaba la atención.

Tras muchos ruegos, el chico que portaba anteojos había aceptado cambiar de cuarto con Marcos. Él dormía con Martín y Benjamín y, si bien a estos tampoco les caía demasiado bien Marc, se llevaban mejor con él que Fran y Felipe.

—Sí —se miró al espejo y suspiró. No había nada que hacer para mejorar.

Su cabello estaba hecho un lío, sus ojos eran demasiado grandes para su cara, sin mencionar que estaban rodeados por unas ojeras moradas debido a la palidez de su piel, y para qué hablar de la lluvia de pecas que había cerca de sus patillas.

Muchas veces le habían dicho que era un joven bastante apuesto, pero él nunca había entendido el por qué. Lo único que le gustaba de sí mismo eran sus ojos.

Azules. Profundos.

Llenos de sentimientos que nadie podía descifrar; repletos de secretos.

—Okey, princeso, nadie debe abusar del espejo. Sube mucho el ego, solo ve a Feli —rió su amigo.

A su pesar, también soltó una risa.

— ¿A dónde vamos?

—No tenemos un destino. Llevamos una cámara y nuestras caras —sonrió —. Necesitamos fotos, ¿no te parece?

***


—Creo que esto es una locura —habló, agitado.

—No has parado de repetirlo. Deja que fluya, Sárter. Aprende lo que es la diversión —lo reprimió Lara.

Quizá podría disfrutarlo si no se encontrasen a punto de escribir sus nombres en el monumento de José Martí. Pensó este, totalmente nervioso.

—No sé por qué acepté hacer esto. Debe ser ilegal —repitió.

—Porque, en el fondo, sabes que Lar tiene razón —dijo Felipe, quien estaba observando los alrededores en caso de que algún guardia rondase.

—Listo —gritaron Alma y Pau, guardando los pequeños correctores de lapicera en un bolso.

—Ahora, una foto para el recuerdo —vociferó Ju, cuyo humor había mejorado mucho a lo largo del viaje, luego de numerosas charlas con sus amigas.

Así pasaron la tarde, entre locuras y risas.

Sintiéndose invencibles; sintiendo que el mundo era suyo; caminando por las calles, con carcajadas en los labios y rubor en los pómulos debido al calor.

Y así debía ser. Eran simples adolescentes, y no debían tener preocupaciones fuera del qué ponerse o a dónde salir.

—Es hora de volver —era Al —. Debemos arreglarnos.

El resto asintió.

***


—Siéntense alrededor del fuego, por favor —intentaba coordinar el profesor de gimnasia.

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