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El tiempo suele hacer de las suyas, pero a pesar de eso Hayao Sato aún recordaba la primera interacción entre su hijo, Kenji Sato, y aquel rubio de ojos grises, Yū Hamada

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El tiempo suele hacer de las suyas, pero a pesar de eso Hayao Sato aún recordaba la primera interacción entre su hijo, Kenji Sato, y aquel rubio de ojos grises, Yū Hamada. Reconocía muy bien que ambos no tenían idea de la relación que existió alguna vez entre las dos familias, debido a que por ciertas circunstancias del pasado los lazos terminaron por romperse. Aún así esos recuerdos embrujados aún permanecían en su nublada memoria, en especial aquel primer encuentro de los más pequeños en ese tiempo. El como Kenji se escondía detrás de su madre mientras Yū lo observaba indiferente, ambos niños de cinco y cuatro años respectivamente iban a pasar su primer año nuevo con desconocidos. La familia Hamada había acordado reunirse en el hogar de los Sato para comenzar con los preparativos de la cena y todo lo que tuviera relación a ese día, por lo que desde las tres de la tarde ya se encontraban todos reunidos. Pasaron seis horas para que Yū y Kenji comenzarán a interactuar, puesto que durante todo ese tiempo Yū permaneció sentado en el sillón tomando ponche u observando a su hermano jugar aquella consola que no le compartía a nadie, mientras Ken se mantuvo la mayoría del tiempo con su madre y caminando por su hogar, mirando de lejos a aquel pequeño que en ocasiones balanceaba sus pies que colgaban del sillón. La madre de Kenji, Emiko, obligó varías veces a que su hijo llevará a Yū a jugar, pero este se negaba ante la vergüenza, aunque al final se armó de valor luego de ver cómo ese niño comenzaba a quedarse dormido en el sillón de tonalidades oscuras.

Suelta una pequeña risa nasal al recordar ese momento, sin duda esos pequeños habían crecido bastante.

La mirada un tanto cansada se desvía por un momento al reloj que se encontraba en la muñeca izquierda, mientras que la mano contraria se apoyaba del bastón que servía para mantenerlo de pie. Las manecillas marcaron las 2:47 de la mañana. Los pasos cortos y casi inaudibles se dirigen al extenso sillón que adorna aquella área donde los trofeos parecían estar en exhibición, cada uno tenía una forma, una tonalidad y un tallado diferente. Por supuesto que Hayao conocía cada uno de esos premios, se trataba del esfuerzo y dedicación de su hijo, había visto cada juego junto a cada coronación... todo a través de una pantalla, pero había estado ahí. El hombre de cabellos blancos toma asiento a una distancia considerable del nuevo protector de Japón, Ken continuaba moviendo su pierna sin desenfreno al momento en el que mantenía ambas manos cruzadas sobre su rostro. Su preocupación ahora era el como le iba a explicar las cosas a Yū, iba a ser difícil, bastante a su parecer, y Hayao lo comprendía.

kaizen, ken s.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora