Veintiséis.

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La casa que Sam estaba rentando era de verdad muy linda y acogedora, oh y también muy grande.

-Tu sólo dime cuando te quieres venir a la nueva casa, Mila.-Me dijo tirado en el sillón, con mis piernas sobre las suyas.

-No me quiero cambiar, tú te irás en algunos meses, me quedaré sola.-Le hice un gran puchero, él río.

-Tienes apenas dos meses, puedes irte conmigo de nuevo.-Negué.

-Pensándolo bien, te estoy dando otra oportunidad, volvemos al principio, Sam.-Le dije, él dejó de sobar mi pierna y me miró.

-¿Eso qué significa?.-Preguntó con el entrecejo fruncido, rodé los ojos.

¿Por qué los hombres son tan tontos?.

-Tenemos que empezar de cero, ser novios de nuevo, no ser dos chicos que están a punto de ser papás.-Él río un poco.

-¿Quieres que me declare de nuevo?, seguimos siendo novios boba.-Me dijo obvio, bufé.

-Sam, te estoy diciendo que desde el principio...

-¿Volver a enamorarte?.-Preguntó interrumpiéndome.

Bajé la mirada, ¿tenía que volver a enamorarme?. Si, tenía que hacerlo.

-Si, eso creo.-Le dije aún con la mirada gacha, después sentí su dedo sobre mi barbilla para elevar mi vista.

Hizo que lo viera detenidamente a los ojos. Sus claros ojos y sus largas pestañas. Se iba acercando poco a poco, al igual que yo a él.

Podía sentir su respiración sobre mis labios y su mano en mi mejilla. Espere a que él rompiera los centímetros que nos separaban y así lo hizo.

Primero fue un beso lento, como una lenta danza. Sus labios carnosos y tibios eran los mejores. Moví mis piernas para que él se acercara más a mi y pasé mis manos por su cuello.

No estoy muy segura como fue que me senté a horcajadas de él. Acaricié su cuello y parte de su espalda, al igual que él mi espalda y uno de mis muslos.

Comencé a sentir esa rara sensación, esa sensación que siempre sentía cuando estaba con él.

El beso seguía siendo lento y con pausas para respirar, pero aún así yo sabía que esto subiría de todo en algún momento.

Como tenía mis piernas a horcajadas de él, él se fue haciendo hacía atrás y hacía a un lado, para dejarme sobre el sofá y debajo de su cuerpo.

Comenzó a bajar sus besos, llegó a mi cuello y se detuvo.

-Pensé que ya no usarías esto.-Me dijo señalando con la vista el collar que él me había dado con una “S”.

-¿Debería de no hacerlo?.-Pregunté, él negó.

-Usalo siempre, siempre.-Besó mis labios rápidamente y volvió a seguir con sus besos por el cuello.

Jale un poco su cabello, para hacer que subiera la cabeza. Yo quería besar sus labios, extrañaba sus labios.

-Extrañaba estos besos.-Le dije con toda sinceridad.

-Igual yo, yo te extraño siempre y desde que me dejaste en LA quise volver a casa lo más rápido posible, Mila.-Recostó su cabeza sobre mi pecho y comencé a pasar mi mano por su cabello.

-¿Por qué?.-Pregunté, sinceramente yo también lo había extrañado, pero no sabía que también él lo había hecho.

Quizás Sam si era para mi, quizás si habíamos nacido para estar juntos.

-Porque te amo, Camila.-Dijo aún recostado sobre mi pecho.

-Yo también te amo, Samuel.-Sonreí y cerré los ojos.

Él se estaba quedando dormido, y yo también tenía algo de sueño.

El celular de Sam comenzó a vibrar y como yo también lo sentía, me levanté. Sam se levantó y sacó el teléfono de su bolsa del pantalón.

Él rodó los ojos, eso significaba que él no quería contestar. Colgó la llamada y a los dos minutos le volvieron a marcar.

-¿Otra vez?.-Preguntó con fastidios y viendo la pantalla del celular.

-Contesta, Sam.-Le dije tratando de no sonar molesta.

-Es, Daysi.-Dijo, como sí yo conociera a esa tal Daysi.

-¿La rubia?.-Pregunté desviando mi mirada de él.

-Si.-Wow, adiviné. Hice un ademán con la cabeza para que él contestara, así lo hizo.

-¿Qué paso?.-Le pregunté con una mueca, él también torció los labios.

-Tengo que ir con ella, a una reunión del trabajo.-Rodé los ojos.

The Sky isn't the Limit | Sammy Wilk¡Lee esta historia GRATIS!