XII

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"Home sweet home..."

Nuevos sueños inundaban la cabeza del chico, mucha información para procesar, aun que bueno, debía seguir luchando contra aquel demonio. Tomó ambas Nichirin y decapitó al ser malvado que deseaba comerlo, a pesar de ser fáciles de derrotar, el hecho de que eran varios lo complicaba bastante.

Continuó así por un largo rato, hasta que por fin terminó, 28 demonios en total, todos completamente decapitados y muertos.

Tras completar su tarea, volvió a una pequeña cabaña rentada para pasar la noche, estaba solo, sus amigos no estaban con él puesto que deseaba buscar a su familiar tranquilo y sin problemas.

Debía volver a aquel acantilado, donde supuestamente él había muerto...

Más tarde, al descansar en aquella posada se dirigió al lugar que buscaba. Caminaba a paso tranquilo, todo parecía en calma, como debía estar después de todo. Un rato después llegó al lugar, justo como recordaba. 

El aire frío golpeaba el rostro del extraño chico mientras avanzaba por el borde del acantilado, observando cada rincón con la esperanza de encontrar algo, cualquier pista que le indicara dónde estaba su familia, al no encontrar nada bajó hacia el río.

Al apartar unas ramas densas, se encontró con un cartel que parecía fuera de lugar en aquel paisaje natural: "Pozo Infinito". Sus ojos se entrecerraron con sospecha.

—¿Infinito? —murmuró, acercándose al borde del pozo y asomándose con cuidado. Por dentro no parecía tan especial; era oscuro, profundo, pero algo en su interior le provocaba un cosquilleo extraño en la piel. Como si algo lo estuviera llamando desde ahí abajo.

Sin pensarlo demasiado, como siempre hacía, el chico saltó.

El aire a su alrededor cambió rápidamente, tornándose más cálido y pesado. Sintió que su cuerpo flotaba por un instante, como si el tiempo se estirara. Cuando finalmente tocó tierra, la luz del sol lo cegó momentáneamente.

Se encontraba de pie sobre la cima de una montaña, rodeado de un paisaje impresionante. Era un lugar diferente, completamente ajeno al mundo que conocía. En la distancia se podían ver rascacielos altos, luces brillantes y caminos que se extendían como venas por una ciudad inmensa. A pesar de todo, había algo familiar en aquel ambiente.

—¡¿Dónde demonios estoy?! —gritó, sus palabras resonando en el aire, asustando a un par de aves cercanas.
Al mirar alrededor, sus ojos se clavaron en un sendero que bajaba por la montaña. Las marcas de zapatos eran recientes, y el terreno parecía bien transitado. Sin perder tiempo, comenzó a seguirlas.

Mientras seguía descendiendo por la montaña, exploraba aquel mundo que le resultaba completamente extraño. Había algo en el ambiente que lo inquietaba: los olores eran diferentes, los sonidos eran más agudos y constantes, y el cielo, aunque familiar, parecía más brillante de lo normal.

Pronto llegó a un pequeño sendero que lo llevó a un área más habitada. Las casas eran extrañas, construidas con materiales que jamás había visto, y los caminos estaban cubiertos de una superficie dura y negra. A medida que avanzaba, empezó a notar algo peculiar: la gente.

Todos lo miraban raro.

Los peatones se detenían a observarlo, algunos susurrando entre ellos, mientras otros simplemente lo esquivaban con cuidado. Él no entendía qué era lo que causaba tanto alboroto.

—¡¿Qué están mirando, imbéciles?! —gritó, apuntándolos con una de sus Nichirin.

Un par de niños que lo observaban se escondieron rápidamente detrás de un adulto, mientras este tiraba de su brazo y murmuraba:

—Debe ser algún loco con disfraz...

Frunció el ceño. No entendía qué significaba eso, pero decidió ignorarlos. Tenía algo más importante en mente: encontrar a la persona que buscaba.
El recuerdo de aquel día volvía a su mente, como una llama que nunca se apagaba. Su madre lo había lanzado a este acantilado para salvarlo, y aunque no recordaba mucho de su familia, sabía que había alguien más... alguien que estaba ahí con él.

"Es rubio y tiene ojos rojos y es mi hermano...", pensaba mientras una sonrisa se formaba bajo su máscara de jabalí.

Se acercó a un señor que vendía frutas en la calle.

—¡Oye tú, humano! —dijo, con una voz que parecía más una orden que una pregunta—. Estoy buscando a alguien. Es... eh... tiene el cabello rubio, siempre parece estar enojado y tiene un olor como... a caramelo.

El comerciante parpadeó, sorprendido, antes de fruncir el ceño.

—¿Qué clase de descripción es esa? ¿Estás buscando a alguien o inventando cosas?

El chico, harto, golpeó la mesa del puesto, haciendo saltar un par de frutas.

—¡Es real! Y voy a encontrarlo. ¡Así que dime si sabes algo, o te mataré, maldito!

La gente que pasaba por ahí comenzó a murmurar aún más, alejándose poco a poco del extraño hombre con una máscara de jabalí y espadas en la espalda. El comerciante levantó las manos en señal de rendición.

—¡T-tranquilo, chico! No tengo idea de quién hablas, pero... si buscas a alguien deberías informar a la policía.

Se rindió por un momento, quizás si se vestía como aquellas extrañas personas podría encontrarlo más rápido... ¡Sí, eso haría!

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Katsuki se encontraba despierto, eran las tres de la mañana y al día siguiente debía visitar a "su madre", estaba realmente cansado, sin embargo no podía conciliar el sueño, decidió entonces bajar a la cocina por algo de leche, antes funcionaba, ¿por qué no probar un poco?

Estando en la cocina sacó un vaso, calentó la leche y esperó, pasado unos minutos sirvió la leche en el vaso y lo tomó. Vaya que le hizo efecto, muy pronto se quedó dormido, en sala común, ¿qué le depararía el futuro, mañana en la mañana?

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— Las cámaras, ¿ya las irrumpiste? — preguntó, algo fastidiado por el tiempo que toma entrar a la U.A.

— Falta poco, solo espera

El tiempo del evento se reducía a tan solo unos días...

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Nuevo cap :DD

Pd: Muchas gracias por leer, faltan como 2 o 3 capítulos para terminar la historia

Alguna duda, consulta o sugerencia? —>

Eso es todo BYEEE<333

♥︎&quot;Corazón mal herido&quot;♥︎ •Kiribaku•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora