Comprender

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Los pequeños copos de nieve que indicaban la entrada del invierno empezaron a caer pausadamente sobre la azotea del hospital, a pesar de ello, la temperatura era agradable e incluso cálida en algunos momentos. Los brazos que lo rodeaban, en parte, eran los causantes de esto. Estar abrazados de aquella manera siempre había sido su pequeña fantasía, su pequeño cuerpo encajaba a la perfección en el del más alto convirtiendo aquel momento en algo más tierno y confortante.

No sabía cuánto llevaba dormido, después de caer al suelo y reírse a carcajadas con sus propias tonterías, el cuerpo le empezó a pesar y sus párpados se cerraron. El médico les había dicho claramente que Hinata necesitaba reposo, pero hicieron caso omiso y subieron a la azotea. La verdad era que a ninguno le preocupaba su situación actual con Kai; Kageyama había notado que el pequeño incidente solo había sido eso y que Hinata seguía encontrándose lo más alegre posible en sus circunstancias. Hinata en cambio estaba preocupado por otra cosa, el moreno no le explicó claramente cuál fue la reacción de sus padres al saber lo de Kai y la violación, y eso lo tenía en ascuas. Sabía que sus padres eran buenas personas y que seguramente le apoyarían para superarlo, pero algo en su interior le decía todo lo contrario, nunca se había encontrado solo en su vida así que el mero hecho de poder estarlo, que sus familiares, que las personas que más quería le dejaran atrás, realmente lo asustaba.

Se removió en los brazos de Tobio por la incomodidad de pensar en esa posible situación. Kageyama que había estado mirándole atentamente todo este tiempo colocó uno de sus brazos en la cintura del pequeño y otra en su estómago atrayéndolo más hacia él para unir y encajar a la perfección sus cuerpos, a esto, Hinata se volvió a remover en su sitio, a pesar de que fuera Kageyama el que le estaba tocando, el contacto físico le seguía creando una gran incomodidad después de lo que Kai le hizo a su cuerpo. Le quitó suavemente las manos de su torso agarrándolas con fuerza hasta apoyarlas en el banco.

-N-no hagas eso... por favor –tartamudeó por la incomodidad al tacto.

Kageyama levantó una ceja sin llegar a comprender del todo el porqué, pero después de mirar a los ojos a Hinata comprendió la razón de su malestar.

-Perdón, no te quería hacer sentir incómodo –puso sus manos sobre la chaqueta que tenía el otro chico en los hombros abrigándolo más sin ejercer contacto físico.

Hinata miró hacia abajo jugueteando con las zapatillas que le habían dejado en el hospital.

-No es tú culpa soy yo... lo siento.... Es solo que todo me recuerda a él y a lo que paso... –se agarró un mechón anaranjado del flequillo arremolinándolo con su dedo.

El colocador apoyó su barbilla en la cabeza de Hinata oliendo su suave champú de frutas (como el de un niño) y el ligero olor a hospital que desprendía al haber estado durmiendo entre las sábanas de la cama del centro.

-No pasa nada... -entornó los ojos mirando a los revoltosos mechones pelirrojos que se alzaban ante su mirada –con poder besarte estoy bien –de momento- pensó para sí mismo.

La cara del pelirrojo se fue ruborizando por momentos ante esas acciones tan poco inusuales que tenía Kageyama sobre él. Cerró las piernas juntando ambas rodillas y se encogió en su sitio.

-¿Y si eso es lo único que podremos hacer? –Le temblaba la voz -¿Y si nunca conseguiré superarlo y no podrás hacer nada más? –alzó un poco la vista girando su cabeza a la par para encontrar los ojos de Kageyama con los suyos.

-En ese caso solo tendré que ser mejor besando para complacerte –dijo con una voz seca.

El pelirrojo se quedó quieto en su sitio por esa respuesta tan obvia.

Desmoronamiento [EDITANDO Y CORRIGIENDO]¡Lee esta historia GRATIS!