Cap. 32

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Todo había acabado o al menos es lo que creía. Mi padre nos trajo a su oficina y mi abuela, junto a Hel empezaron a explicar todo lo que había pasado. Ellas eran parte de los siete dioses que nuestra madre por mucho tiempo, nos enseñó a venerar y respetar. El padre de Jasón y Lucas, resulto ser el "Extraño" pero él nunca reencarno. Tomo el cuerpo real de Ser Harwin Strong cuando murió, ya que su último deseo, fue ver nuevamente a sus tres hijos. El dios se compadeció del amor que vio en su corazón y lo tomo como su recipiente, aunque no estuviera hecho para recibirlo. Vago por el continente recolectado los cuerpos de sus hijos y los nuestros, para envolverlos juntos en mantos dorados.

La Casa del Dragón estaba destinada a caer para siempre y ser solo un recuerdo para los demás. Por eso nosotros teníamos que morir y nuestras almas, iban descansar juntas ya que, a pesar de la guerra que vino, el extraño no vio maldad en nuestros corazones. Sino el amor que le teníamos a sus hijos y el dolor que la separación nos causó, asique en su misericordia, nos permitió eso. Pero su hermana nos robó del pedestal que el construyo para nuestras almas, desencadenando un caos en toda la línea del destino.

El dios la busco e incito a los demás a bajar a la tierra para que prestaran ayuda. La madre de Aron, Alicia, era el "Herrero". Una mujer que cuidaba los valores de la religión, pero que pronto se vería afectada por ellas. El vio la pena en ella y la desesperación que su corazón guardaría por acercarse a su primogénito, asique sintió que debía ser su recipiente y con los años, le concedió la oportunidad de hacer las cosas bien. Tuvo a Aron y por primera vez, cuestiono la religión. El dios la puso a prueba y sonrió, cuando ella, dejo todo a un lado, con tal de estar con su hijo. Sabía que nunca era tarde para remediar los errores y sabía muy bien, que Aron la perdonaría con el tiempo.

Mi abuela era la "Madre", una mujer fuerte y misericordiosa, que cuidaba de su familia. Cuando decidió bajar a la tierra, tomo su cuerpo ya que antiguamente fue Rhaenys Targeryan. Ella debió ser la madre y protectora de todo el reino, por lo que siempre estuvo destinada a ser su recipiente. Hel, en cambio, era la "Doncella" ella cuidaba a las mujeres y a sus hijas. No había nada más que explicar de ella, su gentileza y pureza siempre la hicieron el recipiente perfecto para la diosa e incluso ella misma dijo que no elegiría a nadie más. Cuando se dispusieron a bajar, ella noto que la pequeña niña, no podía controlar sus visiones, decidió ayudarla, y ni bien sintió su cálido corazón, ya no quiso dejarla. Ella había visto que yo resurgiría, bueno, mejor dicho, el "Guerrero".

Ya estaba cansado de tanta charla y explicaciones. Quería saber qué pasaría con Alan. Mi padre y Howard se habían ido con él hace mucho tiempo y yo necesitaba saber. Mientras todos ellos hablaban y se sacaban todas las dudas posibles, salí al pasillo a fumar. Estando ahí, intentaba sentirme diferente ya que supuestamente un dios habitaba en mi ahora, pero todo era igual.

Padre – ¿Desde cuándo fumas? – giré a verlo y sonreí.

Ewan – Desde que mama murió. – le ofrecí el cigarrillo y lo acepto – Asiqué... Eres el "padre". ¿Quién lo diría?

Padre –Tuvo cinco hijos y adopto a tres como suyos, amando a cada uno de ellos con locura. Cuando baje aquí, y sentí todo el amor que esta persona tenia para dar, no dude en formar mi propia familia.

Ewan – Espera. ¿Tú no eres Daemon?

Padre – No. Ósea, sí, pero no. Es confuso. Esta persona es la reencarnación de tu tío, como ustedes, tiene los recuerdos de su vida pasada. Pero cuando yo baje, el acepto ser mi recipiente con una condición.

Ewan – Cual? – me entrego el cigarrillo y lo pite una vez más.

Padre – Liberar su espíritu, dejarlo volver junto a su amada esposa e hijos.

Otras vidas / LucemondDonde viven las historias. Descúbrelo ahora