Cierro la maleta y salgo con ella de mi habitación hacia el hall.
-Te voy a echar de menos.- me abraza mi madre.
-Mamá, van a ser menos de dos meses.- le correspondo.
-No se te olviden las cláusulas del contrato.- me abraza mi padre también.- Tu carrera está en juego.
-Lo sé, no voy a arriesgar mi futuro por ningún futbolista.
-Y haz caso a todo lo que te diga tu tío.- me advierte mi madre.
Y sí, mi tío es Luis de la Fuente, el entrenador de la Selección Española de Fútbol.
Ruedo los ojos ante el comentario de mi madre, el cual lleva repitiéndome desde ayer por la tarde, cuando les di la noticia.
-Mamá, ya lo sé.- respondo.- No va a pasar nada, estad tranquilos.
Me abrazan por última vez y salgo de casa. Bajo en el ascensor y cuando llego abajo me encuentro con un taxi que ha venido a recogerme para llevarme al aeropuerto.
Tras tres horas de vuelo y otros 45 minutos de espera por la maleta, me recoge un coche en la puerta del aeropuerto y me lleva hasta el hotel en el que se aloja en equipo.
El chófer saca mi maleta y le doy las gracias, me doy media vuelta y voy hasta la puerta. Le enseño mi acreditación al segurata y este me acompaña hasta la recepción del hotel a por la llave de mi habitación y luego hasta la tercera planta, en la cual me voy a alojar.
Una vez en la puerta, le doy las gracias y entro.
Es una habitación grande, con una cama matrimonial, un baño con bañera y un lavabo y espejo enorme, una mesa de escritorio, una silla mullida, un sofá y una terraza con un jacuzzi.
Dejo la maleta en medio de la habitación y me dejo caer sobre la enorme cama.
Aún no me creo que esté aquí.
Alguien toca a la puerta y me levanto para abrir y ver quién es.
-¡Ya estás aquí!- exclama mi tío y me abraza.
Cierra la puerta tras él y entra.
-¿Te gusta la habitación?- pregunta.
-Es una fantasía.- respondo.
-Ahora en la cena te presentaré a Martín, el otro chico que se va a encargar de las redes sociales.- añade.- Y luego te iré presentando al resto del equipo.
-Sobre lo del equipo...
-Lo sé, no he dicho que eres mi sobrina.- me interrumpe.- Pero en algún momento se va a saber.
-Ya lo sé, pero primero quiero que se vea que he llegado hasta aquí por mis propios medios y no por ser tu sobrina.
-Me parece bien, pero ten en cuenta las claúsulas que hay en el contrato y no fastidies todo lo que has luchado hasta llegar aquí.- me advierte él también.- Además, les tengo cariño a estos chicos y no me apetece tener que partirle la cara a ninguno de ellos.
Me río ante el comentario de mi tío, a la vez que me enternece su sobreprotección.
-Bueno, voy a dejar que te instales tranquilamente.- se levanta del sofá.- La cena es a las nueve y media.
Yo también me levanto y le acompaño hasta la puerta, me da un abrazo y un beso en la frente y se va.
Abro la maleta y cojo un conjunto deportivo negro y unas deportivas, guardo la llave en un minibolsillo y me pongo los cascos, cojo el móvil y salgo de la habitación.
Voy hasta el ascensor, pulso el botón y cuando las puertas se abren, entro. Busco la planta del gimnasio, pulso el botón y espero a que el ascensor llegue arriba.
Salgo al pasillo y cruzo la puerta del gimnasio.
Veo que estoy yo sola y se me dibuja una sonrisa en la cara.
Me acerco hasta las cintas de correr y poco a poco voy subiendo la intensidad.
Corro durante 10 minutos mientras escucho música hasta que unas risas me sobresaltan y bajo la velocidad poco a poco.
Las risas cada vez son más próximas, hasta que llegan a la zona de las máquinas de cardio y descubro de quienes son.
Dani Olmo, Lamine Yamal y Nico Williams dejan de reírse en el momento en el que me ven.
La cinta se para y me bajo.
-Hola.- saluda el primero.
Respondo tímidamente.
-Pensábamos que no había nadie.- añade Nico.
-Yo ya me iba.
Paso por al lado de los tres y salgo del gimnasio para bajar a mi habitación y ducharme.
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A Escondidas (Nico Williams)
Fanfiction-Recuerda las cláusulas del contrato, no fastidies todo lo que has luchado para llegar hasta aquí por un futbolista
