Veinticuatro.

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-¿Y qué te dijo?.-Preguntó Ally con unos grandes ojos asombrados.

-No lo he visto, el muy hombre no me vino a buscar después.-Le respondí con sarcasmo.

-Vendrá a buscarte, lo sé.-Dijo mi amiga muy segura.

-Estoy decidida, si él no viene a buscarme o me llama en las próximas veinticuatro horas, será todo.-Dije muy decidida.

-¿Qué? Tú estás realmente loca, creo que eso de las hormonas en verdad te está afectando.-Tenía un poco de preocupación en su voz.

-Para nada, las hormonas no tienen nada que ver con esto.-Le dije cortando un trozo de manzana y metiéndomelo a mi boca. 

-Camila, ¿te estás escuchando?.-Me preguntó seria y poniendo una mano sobre mi hombro, asentí.

-Si, me estoy escuchando, ¿por qué lo dices?.-Pregunté con ironía.

-Porque estás diciendo puras tonterías, amiga.-Rodé los ojos.

-Mira, Sam y yo hemos pasado muchas cosas, mucho problemas y sinceramente quizás todo esto no funcione.-Ella fruncio el ceño.

-Camila, esas son tonterías, ustedes han pasado por todo eso para que vean que realmente se aman y estén juntos, idiota.-Negué, Ally jamás entendería.

-No Ally, no es así, quizás todo tenga que terminar ahora.-Ella negó y río con cinismo.

-Camila, tienes a un jodido chamaco de Sam en ti, es obvio que ustedes deben de estar juntos.-Señaló mi barriga, la miré ofendida por su forma de hablar.

-Hay muchas madres solteras.-Me encogi de hombros sin hacerle nada de caso.

-Llamaré a Sam.-Dijo tomando su teléfono, me levanté de golpe y rápidamente la abracé evitando que le marcara a Sam.

-Pobre de ti haces eso, Allison.-Le dije tratando de quitar su teléfono.

-Pues lo haré, quieras a no, no me importa lo que hagas.-Me empujó un poco hacía atrás y marcó en su teléfono.

La miré con odio y con enojo, salí de la cocina y me tiré en el sillón de la sala.

-Te odio, Allison.-Le dije, ella río.

-Camila, no seas ridícula, esto es sólo una etapa del embarazo.-Dijo de lo más normal.

-Si, como sí tuvieras  experiencia con lo del embarazo.-Me crucé de brazos y ella río.

-Pareces una niña, Camila, y ponte linda, Sam viene.-Dijo, negué.

-Sí Sam me ama tanto como dice le gustare así como esté.-Ella volvió a reír.

-Sam te adora, estúpida.-Ella me lo decía todo de una forma esperando a que sonriera, pero yo ya había tomado una decisión, y no la cambiaría por nada.

Alli se fue de nuevo a la cocina, y yo me quedé en la sala. Cruzada de brazos y enojada. Yo sabía que Sam haría de todo para estar de nuevo conmigo, pero yo le haría entender que todo lo que había pasado había sido un gran error.

Sam entró por la puerta trasera, lo que no me dio tiempo de subir a mi habitación y encerrarme antes de que él me viera.

Se veía tan guapo, estaba vestido con una camiseta blanca y pantalones de color negro y su cabello, ahora rubio le hacían ver perfecto.

Traía una rosa roja en las manos y un chocolate. Me levanté del sillón y él me sonrió sin ánimos.

-Ally me dijo que viviera lo más rápido que pudiera, ¿estás bien?.-Me preguntó acercándose, puse mi mano sobre su pecho para que no se acercara.

-Estoy perfectamente, y quiero que te vayas de mi casa.-Él fruncio el ceño, lo miré decidida.

-Amor, ¿todo esto es por lo de ayer, cierto?.-Preguntó, estaba empezando a enojarse.

-Y por todo lo que a pasado.-Bufo y rodó los ojos.

-Ya me tengo que ir, nos vemos luego, los quiero.-Dijo Ally saliendo por la puerta, dejándonos callados por unos segundos.

-Yo ya no quiero esto.-Le dije, me senté en uno de los sillones y él a mi lado.

-Dame otra oportunidad, y te voy a demostrar que seré el mejor novio y papá del mundo.-Juntó sus manos en forma de oración y negué.

-No, Sam..-Lo estaba dudando.

Yo amaba a Sam más que a nadie, pero ya estaba cansada de todo.

-Sólo una, te propongo algo.-Dijo muy decidido, frunci el ceño.

-Viviremos juntos, puedo rentar una casa cerca de aquí y viviremos juntos por un mes. Veremos que pasa.-Bufé.

-¿Acaso crees que esto es un jodido experimento, Samuel?.-Negó.

-¿Aceptas? Por favor, amor. Yo sé que puedo ser el mejor.-Trague en seco.

¿Qué más costaba una oportunidad más?.

-Está bien.-Él sonrió y dejé que me abrazara, también lo abracé.

The Sky isn't the Limit | Sammy Wilk¡Lee esta historia GRATIS!