6. Todo lo que este en mi mano.

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Empezaba a acostumbrarme a caminar en silencio junto a Uriel, desde ese furtivo beso en los hangares se había vuelto distante. La sonrisa que había en su cara hasta ese momento, había desaparecido por completo. Aunque lo cierto es que yo también estaba perdida en mis pensamientos, intentando planear la estrategia a seguir, con mi hermano cuando llegará a casa.

—¿Vas a tener problemas? —Me despertó Uriel—. Puedo hablar con él y explicarle si quieres.
—Ah, no, no te preocupes, luego hablaré con él. Nos llevábamos genial, es solo que a veces, se vuelve un poco protector conmigo. Es típico hermano mayor.
—Si supiera lo que ha pasado hace un rato, me daría una paliza —me quedé en silencio, sin saber que decir. Ese beso, no entraba en mis planes. Aunque prefería fingir que no había ocurrido y que había sido fruto de mi imaginación. Uriel debió darse cuenta de lo que estaba pensando y quiso sacarme de mi error—. Me refiero a lo de que casi te ahogas.
—Ya no me lo recuerdes, que me muero de vergüenza. Soy un caso perdido te lo avisé.
—Si no lo hubieras vuelto a intentar probablemente, pero lo has hecho. Me sorprendiste, no esperaba que te fueras a recuperar tan rápido de un susto así —le sonreí con un gesto de complicidad—. La última vez lo has hecho genial. Si lo haces así en las pruebas no tendrás problemas.
—Me sorprende que sigas confiando en mí, después de lo que has visto.
—Yana, voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que vengas con nosotros. ¿Y tú? —me miró expectante ante mi respuesta.
—Por supuesto.
—Esa esa es la actitud. ¿Vamos a la piscina?
—Vamos.
—¿Vienes con frecuencia?
—La verdad es que no, hace mucho que no vengo. Cuando era pequeña venía a menudo con mi hermano.

No se lo dije pero al menos llevaba al menos dos años sin pisarla, había nadado durante ese tiempo pero en mar abierto, cuando salíamos en barco con mis padres en vacaciones.

Descendimos hasta el piso menos uno que es donde se encontraba la piscina, pasamos por delante del gimnasio, que por cierto, no sabía ni cómo era por dentro, jamás en mi vida había entrado.

Al entrar en la piscina, nos separamos para entrar en los vestuarios. Cuando salí ya me estaba esperando dentro. Estaba allí de pie, hablando con la socorrista. Se estaban riendo los dos. Me acerqué hasta ellos y la salude era la hermana de un compañero de clase, la conocía desde que era pequeña. Tenía un año más que yo. Se extrañó mucho al ver que era yo, a quien Uriel esperaba.
—¿Ya estás aquí?

Uriel había dejado sus cosas en uno de los laterales y ya está a en bañador, tenía multitud de colores mezclados unos con otros, haciendo como un degradado. Me quedé mirándolo y sonreí.

—¿No te estarás riendo de mi bañador?
—Es muy eh... colorido.
—¿Qué os pasa a todos los puertonenufarenses con los colores? Déjame adivinar el tuyo es gris —me dijo con una sonrisa burlona. Me había enrollado en una toalla y no podía verlo—. Vosotros siempre vais con el mismo uniforme, todos iguales. Creo que es la única colonia que lo hace.
—Si al final paso las pruebas voy a tener que renovar el vestuario —me quité la toalla para que pudiera comprobarlo.

Evidentemente lo había adivinado, mi bañador era de color gris como el resto de mis uniformes. Creo que se diseñó así para evitar que hubiera diferencias de clases sociales, se pretendía que todos fueran iguales independientemente del origen y clase social. En mi colonia había muchas normas que todos acatábamos sin ponerlas en duda. Algunas eran un poco absurdas, pero aún así todo el mundo obedecía.

Nos quedamos en un lateral haciendo algunos ejercicios de estiramiento. Mientras Uriel me explicaba en qué consistían las dos siguientes pruebas.

—Las dos pruebas siguientes son en piscina, una de velocidad y la otra de resistencia. La primera consiste en nadar cincuenta metros, que es ida y vuelta a la piscina y la segunda son cuatrocientos metros, que son ocho largos. ¿Supongo que sabes nadar, verdad?
—Pues claro, es obligatorio —le respondí sin pensar. Igual era un poco tarde para esa pregunta.
—¿Obligatorio? —me preguntó Uriel sorprendido, iba a tener que aprender a controlar las cosas que le contaba. Al final, iba a pensar que éramos raritos. Despierta Yaritza, me grite a mí misma, ¡ya lo piensan!
—Es una norma de la colonia, todos los niños mayores de dos años tienen que aprender a nadar.
—¿Me tomas el pelo?
—No, pero esta norma es lógica, ¿no? —le dije un poco avergonzada tenemos normas raras pero está...— vivimos en el mar, es muy peligroso no saber hacerlo, si caes al agua, puedes ahogarte.
—No, si tiene su lógica, pero no esperaba que fuera una norma. ¿Crees que podrás nadar los cincuenta metros?
—¡Ahora eres tu el que me toma el pelo!
—Así que te picas, ya sé lo que tengo que hacer cuando quiera que hagas algo decirte que no puedes.
—No, no hagas eso, prefiero que confíes en mí. Consigues que yo también lo crea. Es solo que si no fuera capaz de nadar cincuenta metros, iríamos mal con los cuatrocientos.
—Eso es verdad, pues vamos a ver cuál es tu marca.
—Lo de dar la vuelta, yo no,...
—Pues únete al club —me dijo—. No te preocupes cuando llegues al final tocas la pared y vuelves.

¿Qué me una al club? ¡A su club,! eso no podía ser malo. Baja de la nube y concéntrate me soltó mi conciencia.

Pulso la opción del cronómetro de su holonet y me dijo que cuando estuviera lista, nadara lo más rápido que pudiera. Y eso hice, salté al agua y nade lo mejor que sabía.

—¿Qué tal ha ido?
—No está mal, tienes muy buen estilo. Eso está bien, estoy seguro de que todavía puedes hacerlo un poco más rápido, pero tienes tiempo de sobra. ¿Vamos con los cuatrocientos?

Empecé con mucha fuerza, los primeros seis largos fueron bien, pero los dos últimos empezaron a costarme, necesitaba respirar con cada brazada, pero conseguí llegar al final.

—Has empezado demasiado fuerte, tienes que dosificar al principio para que puedas llegar al final. Pues ya tienes trabajo para este mes que te queda. ¿Harás lo que te diga?
—Lo prometo profe —me miró y me sonrió
—Tienes que venir dos horas todos los días. Y vas a hacer lo, siguiente durante la primera media hora harás buceo. Empiezas por un largo y conforme vayas pudiendo aguantar más lo vas alargando. Recuperas y vuelves a hacerlo y así. Después lo mismo con la prueba de velocidad, en este caso siempre harás un largo. Y te paras, así durante media hora. Y la otra hora que te queda para resistencia que es la que más floja llevas. ¿Ok?
—Si
—Pues vamos a entrenar la resistencia. Yo voy delante y tú me sigues.

Nos pasamos una hora haciendo el ejercicio. Lo repetimos unas doce veces. Al final Uriel se apiado de mi y dio por terminado el entrenamiento. Parecía estar más relajado, volvían a escapársele sonrisas furtivas. Estaba tan guapo cuando sonreía, que todo lo que pasaba a mi alrededor dejaba de tener importancia.

Volvimos al vestuario, tenía que hacer algo con mi pelo, estaba indomable. Opté por trenzarlo, en un intento desesperado de estar presentable. Quería terminar pronto, no quería hacerle esperar.

Me colgué la mochila a la espalda y respiré profundamente en un intento frustrado de calmar los nervios. Pretendía ser una chica valiente decidida, demostrarle que podía y tenía claro que mi futuro era ser una terranauta. En mi interior lo estaba realmente, pero cuando estaba a su lado, sentía que volvía a ser una niña pequeña asustada y sentía que estaba a punto de salir corriendo a esconderse detrás de su mama. Pero a la vez había algo en él que me atraía y me resultaba muy difícil separarme de él.

Hacía tiempo que no me sentía tan cansada, no tenía fuerzas de recorrer andando el pasillo de vuelta a la zona de viviendas, así que le sugerí a Uriel coger el deslizador, para llegar hasta allí. Uriel me sonrío, sabía los motivos por los que había formulado la pregunta y accedió a mi petición. Al llegar a la puerta de embarque, paró uno de los deslizadores, entramos y nos sentamos uno al lado del otro. En un par de minutos habíamos llegamos a nuestro destino.

—¿Necesitas que te lleve en brazos o crees que podrás caminar hasta casa? —me dijo Uriel bromeando
—Puedo caminar. Muchas gracias —le respondí sarcásticamente.
—No te enfades solo era una broma. Siento la paliza de hoy, quería que supieras como debes entrenar para las pruebas. Prometo que mañana no seré tan duro.
—¿Cuántas pruebas quedan? —le dije con resignación
—Solo una, la prueba de pilotaje. Tienes que pilotar un minisubmarino.
—¿Has dicho pilotaje? ¿Tengo que pilotar un minisubmarino? —no había cogido un minisubmarino jamás, mi padre y mi hermano siempre estaban insistiendo en que aprendiera, pero me daba miedo. No necesitaba pilotar, si nunca salía sola de la colonia.
—¿Sabes pilotar un minisubmarino, verdad?
—No, mucho —le dije sin atreverme a mirarle.
—¿Eso es un soy un desastre o no sé ni cómo se sale del túnel?
—Más bien lo segundo.
—Tranquila es muy fácil y esta prueba es la más sencilla de todas. Yo estaré vigilándola si necesitas que...
—¡No! No voy a hacer trampas. Si no paso las pruebas, pues no las paso, pero no quiero entrar sin merecerlo.
—Ok, tienes razón, olvida lo que he dicho. Pues entonces mañana te enseñaré los conceptos básicos, esta prueba es la más sencilla de todas, casi nadie tiene un nivel alto.

Uriel se empeñó en acompañarme hasta la puerta, debía de tener un aspecto horrible y seguro que pensaba que me caería redonda al suelo en cualquier momento. Se despidió de mi deseándome buenas noches y que descansará. Posé mi mano sobre el sensor de la puerta y ésta se abrió de inmediato, pero tardé unos segundos en entrar, me quedé mirando cómo se alejaba hasta que se perdió por el pasillo.

¿Aprenderá Yaritza a pilotar? ¿Qué pasará cuando llegue a casa con su hermano? Todo eso y más en el próximo capítulo. No olviden votar si les ha gustado o dejar sus comentarios. Besos.

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