Cap. 20

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Estaba sentado a los pies de la cama viendo como dormía. Se veía tan adorable con sus pelos desordenados mientras abrazaba una almohada y la sabana solo cubría su delicada cintura, dejando ver el resto de su blanco cuerpo. Luego de que Aron venga y notara que solo yo llevaba sus marcas, se molestó y prácticamente me obligo a llenarlo de las mías. Lo miraba mientras comía uno de los chupetines que me regalo, apoyando uno de mis brazos en el marco de la ventana abierta, y no podía creer la suerte que tenía.

Me había defendido como toda una fiera, mejor dicho, nos defendió. Estas últimas semanas, yo tuve que ocultar lo mucho que lo quería porque él no estaba listo para decírselo a nadie. Y, en dos simples días, el se lo había dicho todo al campus, al llevar la chaqueta que le di. Dioses, sonreia al recordar lo hermoso que se veía todo avergonzado mientras íbamos caminando a la farmacia, tomados de la mano. Pero se vio aún mejor cuando le grito a su hermano.

Mientras lo miraba darse vuelta pensaba en esa noche, en la fiesta, cuando Hel nos presentó. Lo odiaba, porque ella solo tenía ojos para él. Cuando empezaron a hablar de arte y artistas, me perdí completamente. Parecía un idioma diferente, que solo los pelos locos, entendían. Yo solo estaba ahí parado, viendo con desagrado cómo se reían a su lado sin entender nada, pero notaba sus miradas fugases y su sonrisa intacta.

Daeron – A ti te gusta el chocolate? – lo mire y no entendí porque me preguntaba eso, no formaba parte de la conversación – Estamos hablando de esculturas y yo les pregunte que harían si pudieran usar chocolate para moldear. Yo haría un dragón, no muy grande, uno que pudiera comer después. Vi un video en youtube, de un repostero que hace un montón de esculturas en chocolate, guitarras, radios, animales. Era genial... Bueno es, porque todavía no murió. ¿Si pudieras hacer una escultura de chocolate, qué harías?

Lobo – No lo sé... - dije algo desinteresado – Tal vez, un auto de formula uno.

Daeron – Eso está genial! Nunca fui a una de esas carreras, pero mi papa las ve de vez en cuando. Particularmente no soy muy afín, pero no lo soy a nada en particular.

Lobo – Solo al arte

Daeron – Si, exacto – sonrió y me contagie de ella. Fue muy linda

Hel – Tu último cuadro fue exquisito Daeron. Jamás había visto una técnica así. Y los colores y texturas. Realmente fue impresionante, con razón tuviste la mejor nota. – el niño se apeno y no sé por qué, pero me dieron ganas de abrazarlo.

Lobo – Ten Hel – le alcance un vaso y me miro extraño – ¿Qué? Es cerveza, ¿te gusta o no?

Daeron – Ten Hel! – le acerco un pequeño vaso y ambos bebieron.

Hel – Mmmmm es delicioso!

Daeron – Sabia que te gustaría, es... un chupito? – dijo mientras leía la etiqueta del vaso - de frutilla!. Los están dando por allá.

Lo mire con odio, ¿porque se metía? Pero lo odie mas, cuando Hel tomo su brazo y empezaron a caminar en esa dirección, pero él se volteo y con una sonrisa, me hizo una seña para que los siga. Eso fue muy tierno de su parte y al mismo tiempo inusual. Era obvio que ambos estábamos detrás de Hel, pero él no parecía estar intimidado o en guardia. Al contrario, siempre buscaba involucrarme en las conversaciones y cuando veía que algo no era lo mío, cambiaba de tema automáticamente.

La noche siguió y cuando me quise acordar, había hecho a un lado a Hel para seguir hablando con él. Me había envuelto en cada una de sus palabras, que solo quería seguir escuchándolo. Se notaba que estaba algo mareado, aparentemente esos "chupitos" tenían alcohol y él se había tomado diez de esos pequeños vasitos. Mientras bailaba con Hel, se notaba que el alcohol había hecho su efecto mágico, porque movía sus brazos en cualquier dirección. Era hipnótico verlo, porque no pude apartar la vista... Creo, que no quise.

Otras vidas / LucemondDonde viven las historias. Descúbrelo ahora