Faltaban algunas semanas para la graduación de Louis cuando Harry lo sorprendió. Hizo que la servidumbre de los Tomlinson le preparara una maleta, y le avisó al señor Tomlinson que su hijo estaría fuera por un par de días. Ese viernes cuando Louis salió de clases, el chofer los llevó a él y a Harry a donde pasarían todo el fin de semana juntos y completamente solos: una de las muchas propiedades de los Styles, una casita de madera en medio del bosque, con su terraza e incluso buena iluminación.

 El segundo día de su fin de semana de escape, se encontraban tendidos frente a la chimenea, Louis detrás de Harry haciendo de la cuchara grande, mientras paseaba los dedos por la piel de su brazo con tanta delicadeza que lo arrullaba. 

—¿Te gusta que te acaricie? 

—¿Qué clase de pregunta es esa? —Harry sonrió abriendo los ojos de nuevo—. Por supuesto que me gusta.

 —Solo por curiosidad —dijo besando su hombro—. Porque a mi me gusta acariciarte, lo disfruto mucho. Me gusta tu piel. 

Harry mantuvo su sonrisa de genuina felicidad y estaba a punto de quedarse dormido en los brazos de su novio, cuando éste volvió a hablar, recorriendo con sus caricias cada parte que mencionaba. 

—Me gustan tus piernas. Me gusta tu cabello. Me gustan tus labios —se detuvo y suspiró—. Y tus ojos... en verdad me gustan mucho tus ojos. 

—¿Qué más? 

—Me gusta tu voz. Me gustan tus opiniones. Me gusta el aspecto que tienes al despertar, y antes de irte a dormir. Me gustan los sonidos que haces cuando hacemos el amor. Me gusta que me mires de reojo y después finjas que no lo hacías cuando te das cuenta de que lo noté. Me gusta que te rías fuerte, incluso si lo que dije no fue tan gracioso. 

Giró suavemente a Harry para que quedara con la espalda al piso y pudiera mirarlo directamente a los ojos, verdes y grandes, brillando llenos de sentimientos. 

—Me gusta saber lo que estás pensando en este preciso momento, y créeme, yo más.

 Lo besó tomándose su tiempo, porque ahí escondidos del mundo en verdad no existía nadie más. Cuando rompieron el beso Louis tardó algunos segundos más en seguir hablando.

 —Son solo todas esas cosas en conjunto y por separado, todas me gustan. Me gustas tú. Te adoro. 

—Si te vas a poner así de romántico cada que te monte, tal vez debería hacerlo más seguido —ambos soltaron una carcajada, pero antes de terminar por perder el ambiente completamente, Harry entrelazó sus dedos con los de Louis—. Yo también te adoro, Lou. Estoy tan enamorado que a veces duele. 

—Lo sé, y es un dolor del que no me arrepiento. 

—Yo tampoco. Y si algún día dudas de cuánto te amo, recuerda que durante dos años y medio no pude ni siquiera reunir el valor para hablarte.

Louis terminó por acomodarse en el pecho de Harry, dejando que jugara con su cabello. 

—Y me gusta tu tendencia de tropezar con prácticamente todo —suspiró y dejó un beso justo sobre donde sentía los latidos—. Le debo mi vida entera. 

 ~*~ 

Harry no tenía problemas con desayunar solo, de hecho a veces disfrutaba de su soledad. Era muy temprano y de cualquier manera, le habían dado el día libre a todos los que trabajaban en la casa, incluyendo a Abigail. Aún sentía náuseas cuando consideraba comer algo más, y no sabía a ciencia cierta qué era lo que tenía permitido ingerir, así que solo se preparó otra taza de té y se sentó a beberlo en la mesa de la cocina. 

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!