Cap. 4

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Empezaron las clases y mis tutorías de física con Aron. Era imposible concentrar en las ecuaciones mientras él me miraba y comía un chupetín de sandia. El muy maldito, lo movía entre sus labios y pasaba su lengua por él, muy sugestivamente mientras sonreía. Al mismo tiempo juntaba sus pies con los míos y los envolvía.

Yo solo lo pateaba para que me dejara tranquilo y lo hacía, por lo menos, por un momento. Teníamos una hora y media en el cubículo de la biblioteca, que se sentía como un día completo debido a sus constantes molestias. En varias oportunidades le pedí por favor, que me dejara tranquilo, porque necesitaba estudiar, y solo se compadecía de mí, cuando prometía regalarle un beso al finalizar la tutoría.

Ni bien salíamos de ahí, reclamaba su premio por buen comportamiento y terminaba cediendo luego de ver sus ojitos de perro mojado. Lo detestaba, pero realmente extraña esa mirada, asique solo me envolvía en sus brazos. Sus besos eran una bocanada de aire y sus manos, recorriendo mi cuerpo, eran mi perdición.

Tenía que salir huyendo de su agarre, antes de que todo se saliera de control o terminaría haciendo algo para lo que no estaba preparado aún. Todo me resultaba muy confuso, porque yo veia a mi esposo en él, pero también lo veía a Aegon y ahora Aron y la verdad, no sabía cómo sentirme respecto a él. Lo amaba, lo extrañaba, pero también estaba enojado y muy decepcionado de todo lo que hizo para tener la corona de mi madre.

Todo daba vueltas en mi mente y en mi corazón, pero cada vez que estaba con él, todo eso se disipaba y encontraba la calma y la paz en cada beso que me daba. Me dolía tener que dejarlo, pero al mismo tiempo, sentía que debía alejarme de él para no volver a salir lastimado. Yo recordaba parte de mi primera vida, nuestra niñez juntos, nuestros primeros besos, la primera pelea y luego, como la guerra se alzó entre nuestras casas.

Luego lo encontré en París y tarde años en darme cuenta que se traba de él, pero cuando lo hice, ya era tarde. Yo lo amaba con pasión y realmente quería estar a su lado y agradezco todos los días, por la hermosa familia que formamos juntos. Pero ahora, todo era diferente.

Aron – Iras a la fiesta esta noche? – pregunto y levante la mirada de mi libro para chocar en el chupetín en sus labios

Jase – No lo creo, tengo mucho que leer. ¿Tu? – volví a mi libro y escuché su risita

Aron – Solo iba, si tú lo hacías. – vi de reojo como se apoyaba en la mesa - Pero si necesitas ayuda con la lectura, puedo ir a tu habitación.

Jase – No te pedí ayuda, muchas gracias.

Aron – Entonces ven tu a la mía. – volvió todo su cuerpo a la silla y lo mire - Mi compañero ira a la fiesta, asique podremos estar solos. Tu sabes – levanto las cejas y sonrió – Para leer...

Jase – No estaría solo en una habitación contigo. – le tire un lápiz y lo sujeto cuando llego a su pecho - De pura suerte escapo de tu agarre en la mitad del campus. No imagino lo que me harías estando encerrados. – volví la mirada a mi libro y lo ignoré

Aron – Pero yo si lo imagino – susurro en mi oído y todo mi cuerpo tembló. – Quieres que te diga todo lo que podría hacerte... - el olor a sandia me invadió y gire un poco la cara, para chocar con el palillo y sus labios.

Jase – Contrólate o no tendrás besos cuando salgamos de aquí.

Volvió a su asiento rápido, pero con un gran puchero en sus labios. Quito el chupetín de su boca y se lo saque, para empezar a saborearlo. Mientras lo movía en mis labios el me miraba con la boca abierta, siguiendo cada movimiento. Lo introduje en mi boca y lo mordí con fuerza para que se escuchará el 'crack'. Cerro los ojos y mordió sus labios, mientras yo sonreía de lado y terminaba de masticar el caramelo.

Otras vidas / LucemondDonde viven las historias. Descúbrelo ahora