Luciéndome y más.

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Una tarde de abril, escuché a alguien rechinar la puerta, supuse que eras tú, rápido me dirigí hacía el piano. Coloqué las partituras y toqué con fervor todo lo que había practicado un día anterior, parecía que me poseía la música y el amor que sentía por querer impresionarte.

— ¿Qué haces? —preguntaste mientras dejabas tu funda de guitarra en la esquina del piano.

—Luciéndome para ti—enarqué una sonrisa y te miré.

—Normalmente las chicas no se lucen así frente a su chico.

— ¿Mi chico?—no podría creer que pensabas que eras mi chico, necesitaba confirmarlo.

—Bueno, tu músico eso sonó aún mejor, me quedé maravillada con lo que dijiste que no pudo salir ninguna palabra de mis labios—. Sí, como decía—comenzaste con nerviosismo—. Las chicas suelen impresionar con vestidos, zapatillas y diferente maquillaje, y tú...

—Y yo...—esperaba que me sorprendieras de nuevo.

—Con manos locas de pianista.

Desde aquel día, así me nombraste de cariño.

A un músicoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora