01.

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1997. 

—¡Pero mamá! —se quejo Harry por decima vez, arrastrando sus pies detrás de su madre mientras esta empujaba su carrito por el pasillo del supermercado. 

—Que no, Harry —puntualizó—. No insistas, no irás. 

El pequeño rubio cruzó los brazos sobre su pecho y miró enfurruñado como su madre se alejaba sin darle una segunda mirada. Era totalmente injusto lo que estaba sucediendo, él habia sido un buen niño por mucho tiempo -lo que equivalia a más o menos dos horas- y no era justo que no lo dejarán ir a ese campamento solo porque Liam habia sido un gran tonto y no habia corrido lo suficientemente rápido de la cocina cuando Harry incendio las cortinas. Harry podia tener cinco años pero sabia que no podia dejar que el castaño de mirada triste fuera castigado por su culpa. Despues de todo, era su primo o algo así, aun no entendia mucho eso de la adopción. 

Soltando un suspiro demasiado dramatico para su corta edad, alcanzó una caja de cereales y la agito, intentando adivinar si habia un premio dentro como decia en la caja. No escuchó nada por lo que mirando a sus lados, se aseguro de que no habia nadie observando y abrió la caja, metiendo la mano dentro y arrojando los cereales a los lados. Cuando se dio cuenta de que no habia ningún juguete, tomó la siguiente e hizo el mismo procedimiento solo que esta vez, varios puñados fueron a dar a su boca. 

—Eso no se hace. —el pequeño rubio dio un saltó sobre su zapatos de Superman y dejó caer la caja antes de girarse hacia la voz. 

Un chico castaño estaba parado a un par de pasos de él. Tenia una camiseta con el hombre araña al frente que llamo la atención de Harry, quien dando unos pasos al frente pegó sus manos sucias al dibujo, delineandolo. Los ojos azules del otro chico lo miraron con curiosidad, como si tratara de entender lo que estaba haciendo antes de que una sonrisa naciera en su pequeño y delicado rostro. Harry le devolvió la sonrisa, enseñandole sus hoyuelos. 

—¿Como te llamas, pequeño? —preguntó el más alto, mientras jalaba la manga de su camiseta y limpiaba el rostro del menor. 

—Harry —se quedo quieto, cosa que jamás hacia cuando su mamá lo limpiaba, sus ojos brillantes mirando al otro chico—. ¿Y tu? 

—Louis. —tomó su mano—. Vamonos de aquí antes de que alguien vea el desastre que hiciste. 

—Pero no encontré mi juguete. —gimoteo. 

Louis miró hacia los cereales en el suelo antes de volver al pequeño—. Yo tengo uno, te lo daré. 

—¿En serio? 

—Claro —lo jaló suavemente—. Vamos. 

Harry lo siguió obedientemente por el pasillo escuchando la melodia de Superman que sus zapatos producian con cada paso y moviendo la cabeza en sintonia. Su mamá siempre insistia en que debia usar algo que hiciera ruido así se le hacia más dificil desaparecer de su vista, todos sus zapatos hacian un sonido distinto para que su mamá supiera donde estaba. Harry miró a su alrededor por un momento, preguntandose donde se habia metido ella pero ese pensamiento se evaporó cuando se dio cuenta de que Louis lo dirigia a la zona de dulces. 

 Sus ojitos verdes se dispararon hacia todos lados mientras corria hacia las gondolas que contenian coloridos dulces. Tomando una paleta, le quito el envoltorio y se la metio a la boca. Louis, quien lo seguía de cerca, miró con confusión al pequeño rubio. Jamás habia conocido un niño tan revoltoso y maleducado en sus ocho años de vida. Estaba a punto de retar a Harry por comerse la paleta cuando este se giró y le sonrió, sus hoyuelos marcando sus mejillas. No podia simplemente gritarle por ser travieso. 

—¡Mira, aquí hay orejas de gato! —el más pequeño saltó sobre la punta de sus pies, apuntando un paquete que estaba colgado unos centimetros más arriba. 

Louis se acerco a él y tomó el paquete que apuntaba, el cual efectivamente contenia una tiara negra con orejas de gato. Mirando a los lados, rodó los ojos para si mismo por lo que iba a hacer y rompió el paquete, colocando la tiara en la cabeza de Harry. Su mamá lo mataria cuando supiera que habia hecho una cosa así pero Louis se encargaria de pagar por las cosas que Harry habia tomado, él pensaba gastar su mesada en una nueva figura de acción pero la sonrisa del pequeño parecio valer más. 

—Ahora me parezco a mi gatito y mi mamá no podra decirme que no puedo orinar en su caja de arena. —aseguró el más pequeño con una gran sonrisa. 

Louis lo miró un segundo antes de sacudir la cabeza—. Debo llevarte con tu mamá, ¿sabes donde esta? 

Harry sacudió la cabeza—. No, pero sé lo que hay que hacer —comenzó a caminar, tirando de Louis con él—. Ven conmigo. 

Louis siguió al pequeño por los pasillo, mirando con curiosidad cuando este se dirgio directamente a la sección de atención al cliente y saludo a la chica detrás del mostrador, llamandola por su nombre. 

—Me volví a perder, Valen —le sonrió—. Le avisas a mi mami que estoy aquí. 

—Seguro, cariño —la chica sonrió mientras tomaba el microfono y apretaba el boton—. Anne, Harry te espera en atención al cliente. —repitió el mensaje dos veces más antes de mirar a Louis—. ¿Él tambien esta perdido? 

Harry miró a Louis quien se volteo, mirando en todas direcciones sin ver a su madre—. Creo que ya lo estoy. 

—No te preocupes —dijo Harry—. Valen puede llamarla desde su microfono y nos dejará jugar con los papeles de regalo mientras las esperamos. 

Louis miró a la chica quien asintió—. Dime tu nombre y el nombre de tu mamá, dulzura. 

—Louis y Jay. 

—Jay, Louis te espera en atención al cliente. —hizo el mismo procedimiento que con Harry antes de dejarlos pasar detrás del mostrador. 

Harry tomó la mano de Louis y lo guió directamente la zona de empapelado antes de sentarse en el suelo. Un hombre joven que estaba allí, miró al rubio con una sonrisa mientras dejaba un frasco lleno de moñitos de colores a su alcance. 

—Gracias, Chad. —sonrió Harry.

 Louis decidió que no queria saber como el pequeño revoltoso sabia todos los nombres, no parecia convenirle. 

 Luego de unos minutos, Harry tenia la cabeza llena de moños de colores mientras Louis lucia un nuevo bigote de papel de regalo con ositos. Harry le sonrió con dulzura, poniendose de rodillas y besando la mejilla del mayor, logrando que este tambien sonriera. 

—¡Louis! 

—¡Harry!

 Ambas voces se escucharon sobre sus cabezas. La primera preocupada mientras la segunda parecia más que nada enojada. Louis miró sobre su hombro, viendo a su mamá y a otra mujer mirandolos desde detrás del mostrador. Harry se puso de pie y le tendió la mano, aun con los moños adornando su cabello. 

—Hola, mami. —saludo a la bonita mujer de cabello castaño—. ¿Me compraste golosinas? 

—¡Jesus, Louis, no vuelvas a alejarte de esa manera! —Jay jaló a su hijo a sus brazos y lo apreto—. Me asustaste. 

—Lo siento, mamá —se disculpo—. Pero encontré a Harry... perdido en los pasillos y quise ayudarlo —señalo al rubio—. ¿No es lindo? 

Jay miró sobre su hombro, al pequeño rubio con orejitas de gato y moños adornado su cabeza y sonrió—. Si, lo es. 

—Yo lo quiero, ¿me lo puedo llevar? 

 Jay rio—. Lo siento, cariño, pero eso no va a poder ser —negó—. Si quieres podemos acordar con su mamá para que vuelvas a verlo, ¿que te parece? 

—Esta bien. —asintió, sintiendose algo decepcionado pero aun así volvería a ver al niño revoltoso, eso estaba bien para él. 

Crazy |Larry Stylinson|¡Lee esta historia GRATIS!