-Capítulo 18: "Si la vida te da limones..."-

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Unos quince minutos después, los "rescatados" ya se encontraban cómodamente sentados en los sillones de la recepción. La escena era familiar: los amigos distribuidos a su manera, en los pocos sitios libres, charlando. Sin embargo, dos cosas parecían diferentes: la presencia de Ezequiel, la cual incomodaba a cierto chico llamado Martin; y el brazo derecho de Felipe, el cual descansaba sobre los hombros de Lara como si fuese lo más normal del mundo, y no hubiesen estado arrancándose los ojos una media hora atrás.

Entonces, un carraspeo se hizo presente.

—Jóvenes —exclamó el director, intentando hacer resaltar su voz en medio de los murmullos.

Los aludidos se voltearon con unas caras de inocencia claramente actuadas.

— ¿Sí, Señor? —habló Guido, quien tenía la mano entrelazada con la de Paula.

— ¿Cómo es posible que cuatro estudiantes quedasen atrapados en un ascensor? Quiero respuestas en este instante.

Antes que cualquiera abriese la boca, una voz firme y con cierto tono de diversión los sorprendió a todos.

Era Fran.

—Con todo respeto, director. Creo que la contestación tendría que brindarla usted. ¿A qué clase de hotel trajo a sus alumnos?, ¿qué tipo de seguridad nos otorga? Hoy nos pasó a nosotros, pero podría volver a pasar mañana. Y no creo que a ningún padre le gustaría saber que sus hijos están en un riesgo, ¿no lo cree?

El hombre tragó saliva con dificultad, mientras que el resto aún intentaba despegar la mandíbula del suelo.

—Es un buen punto el que tiene, señor Sárter. Voy a dejarlo pasar por esta vez —y, con esas palabras, se retiró.

— ¡Así se hace, amigo! —Feli le chocó los cinco.

Amigo

Una pequeña sonrisa se escapó de los labios de Franco.

—Oigan, ya que nos perdimos una excursión, deberíamos salir a comer algo. Son las siete de la tarde —mencionó Lara.

Los presentes se mostraron de acuerdo.

—Yo puedo ir a pedirle permiso a Gregorio. Después de lo que les sucedió no creo que tenga problemas con dejarnos marchar por un par de horas —planteó Benja, poniéndose en pie.

— ¡Genial! Nosotras vamos a buscar un abrigo, seguro que más tarde refresca —habló Alma.

— ¿Abrigo? ¡Vamos a cambiarnos! No soporto el olor a avión que llevo encima.

— ¡Paula! —rieron sus amigas.

—Tiene razón —concedió Felipe. No obstante, antes de que se marchasen, advirtió —: Por favor, no tarden siglo y medio. Tenemos hambre.

***


— ¿Qué pasa entre "toto" y tú? —Al acorraló a Lar contra la pared del cuarto que compartían.

— ¿Toto? —la confusión en su amiga era evidente.

—Es el nombre en clave de Felipe —explicó, rodando los ojos.

— ¡Wow! Que originalidad. ¿Se puede saber de dónde sacaste tan bello apodo?

—Felipe me hace ver demasiadas películas policiales —reflexionó. Un minuto después negó rápidamente, volviendo a mirarla fijamente —. No recaigas en pequeños detalles, ¡contéstame!

La rubia se ruborizó.

—Creo que me gusta —susurró.

— ¿Crees? — exclamó Juli, ingresando en ese momento al lugar.

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