Diecinueve.

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Mamá me había dicho que ya habían dado de alta a Sam y que querían que yo me quedara unos días más.

Me sentía, la verdad, muy bien. La enfermera me había dicho que mi gusano estaba muy bien. Ahora sólo tenía que esperar a que el doctor nos diera la indicación de que ya podía yo salir.

-Hola Camila, ¿cómo te sientes?.-Me preguntó el doctor al entrar a mi habitación.

-Con ganas de irme de aquí.-Le dije y ambos reímos un poco.

-Podrás salir ésta tarde, después de la comida, te podrás ir.-Dijo aún viendo los aparatos que estaban conectados a mi.

-¿Enserio? Muchas gracias.-Le dije de verdad muy feliz.-¿Puede decirle a mis padres que entren?.

-Claro, les diré y ellos podrán pasar en un momento.-Me dijo desde la puerta, sonreí.

El doctor se fue y yo solo pase unos minutos sola antes de que mis padres entraran a mi habitación.

-Estoy tan feliz, ya saldré de aquí.-Les dije con una sonrisa, ambos me la devolvieron.

-Si, hemos hablado sobre eso y nos hemos puesto de acuerdo a que tú volverás a casa con nosotros.-¿Acaso se habían vuelto locos?.

-¿Por qué? Yo no quiero eso.-Les dije algo molesta y levantando levemente la voz.

-Nate ha estado de acuerdo.-Dijo mamá, como si todo girará alrededor de Nate.

-Nate estará de acuerdo, porque tú se lo dices, mamá.-Dije.-pero aquí la que opina sobre mi, soy yo.

-Camila, tienes que tener cuidados por todo esto, y claramente los chicos no tendrán esos cuidados.-Ella tenía razón, pero yo no me quería devolver a Omaha.

-¿Y qué haré allá? Estaba a punto de graduarme mamá.-Ella rodó los ojos.

Mi madre no me tenía paciencia.

-Me había dicho que solo te faltaba lo del baile de graduación y no es muy necesario que vayas al baile.-Dijo y se cruzó de brazos.

Observé a papá y él desvío la mirada de la mía. Los hombres son unos cobardes, perdón papá.

-Papá..-Dije para que se diera cuenta de que quería de su apoyo.

-Lo siento, pero estoy de acuerdo con tu madre, Cami.-Rodé los ojos y bufé de una manera muy exagerada.

Mi mejor cómplice ahora era mi mayor traedor.

-¿Sam sabe de esto?.-Pregunté, los dos negaron.

-Tú eres la encargada de decirle, ésta noche la pasaremos aquí. Mañana ya nos vamos.-Asentí.

-Quiero ver a Sam.-Mamá se acercó a mi camilla.

-Él está descansado, podrás verlo al salir o quizás mas tarde.-Me guiñó un ojo divertida, sonreí.

Aunque seguía en desacuerdo con lo que mis padres y mi hermano querían hacer seguí como si nada platicando con ellos.

La enfermera, no la enfermera que me caía bien, si no otra enfermera me llevo la comida a eso de las dos de la tarde. 

Comí algo apresurada, hasta que mi mamá me regaño por comer rápido y ahí fue entonces que comencé a comer lento.

Estaba apresurada por salir, ya me quería ir y jamás regresar al maldito hospital. Aunque no quería irme a Omaha, me quería quedar en LA.

Cuando por fin termine de comer, mi papá le habló al doctor y éste vino a checar que todo estuviera bien.

-Bueno, Camila. Estás más que bien para volver a casa.-Sonreí, él también me sonrió.

-Gracias doctor, ya me quiero ir de aquí.-Dije desesperada, él volvió a reír y quitó el suero de mi mano.

-Listo, te cambias, vas a firmar y ya después eres libre.-Asentí a todo.

El doctor se fue, mi madre me ayudo a ir al baño y me dio la bolsa donde traía mi ropa. Me vestí y después salí para ver ahí a Sam. Sentado sobre la camilla y conversando con mis padres.

-Mila.-Dijo alegre y se levantó con los brazos extendidos.

-Hola Sam.-Dije caminando lento a él, correría pero no podía correr.

-Preciosa, ¿cómo estás?.-Beso mi cabeza y me abrazó.

-Muy bien, ¿y tú?.-Le pregunté con mis brazos alrededor de su cintura y oliendo su colonia.

-Perfecto, porque se que tú estás bien, bebé.-Dijo, mi madre soltó un leve suspiro lo que nos hizo sonreír.

-Mis padres, quieren que me vaya de nuevo a Omaha.-Le dije, ya íbamos en camino al estacionamiento.

-Ya lo sé, y ya les dije que están locos y ya le dije a Nate que yo también me voy a Omaha.-Dijo todo tan serio, lo miré atenta elevando mi mirada.

-No te puedes ir a Omaha, tienes cosas que hacer, conciertos por ejemplo.-Le dije, él se encogió de hombros.

-Ahora mi prioridad es mi familia.-Me dijo con una sonrisa, agachando la mirada y beso mis labios.




The Sky isn't the Limit | Sammy Wilk¡Lee esta historia GRATIS!