17 Presencia de un demonio

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Había llegado el momento. Me paré sobre la casa de la mujer que le prestaría su vientre a Resplandor. Era la noche perfecta, con un cielo hermoso, una tranquilidad profunda. Lo mejor de todo era que esos humanos no estaban enredados asquerosamente. La noche también me parecía perfecta porque los niños no estaban. Ellos se habían ido de la casa para continuar con su afán de aprender más de los humanos.

La fina corriente de aire revoloteó mis cabellos. Me encantaba sentir la sensación de la naturaleza en mí. Cerré mis ojos. Me quedé quieto para no sentir nada más que el murmullo del viento y el movimiento de las hojas de los árboles. Los abrí lentamente, convencido de que nada podía salir mal.

El suave revoloteo de mis cabellos se volvió violento. Una corriente de aire irrumpió la tranquilidad de mi noche perfecta. Retrocedí unos pasos con el cejo fruncido, porque sabía de quien se trataba. Bufé cansado, pero algo dentro de mí lo estaba esperando. Era lógico que viniera para divertirse, como frecuentaba decir. Mi esperanza por un ritual esplendido, sin sus molestias, nunca fue alta.

Un fino polvo dorado se empezó a sacudir a mí alrededor. Era brillante, radiante y hermoso. Un brillante injusto para un adicto de la vida trivial. Él era un ser altivo y admirable para los humanos, quienes se quedaban anonadados de tan perfecta presencia sin saber que era un espíritu celestial. Oro no tardó en materializarse después de revolotear cerca de mí.

—Hola— saludó cruzándose de brazos.

Seguramente pensó que lo iba a regañar, pero no lo hice, solo lo ignoré. Respiré cansado. Puse uno de mis dedos sobre mis labios en señal de silencio. Era necesario mantener mi concentración estable, ya que no quería sufrir quiebres como la primera vez. La tranquilidad era obligatoria para el ritual.

—Hola —volvió a insistir, pero con un tono severo. Oro odiaba ser ignorado.

Por mi mente pasó la decisión de postergar el ritual. Lo miré enojado por provocarme esos pensamientos. Oro sonrió tranquilo, pero no me miró. Su mirada se centró a mí alrededor, cerca y lejos de mí.

—Te deseo suerte —dijo mirándome al fin.

—No lo necesito, solo necesito que te vayas —le ordené.

—Lo vas a necesitar. No te has dado cuenta, Luna, que estás rodeado. Mírate, ellos brillan mucho más. Están emocionados, porque saben que su oportunidad está cada vez más cerca. Míralos revolotear a tu alrededor.

Me quedé en silencio.

Sí los podía ver. Esos espíritus, los poquitos que habían aparecido desde que materialicé el espíritu de Esteban en una varilla diamantada, ahora eran incontables. Desde que los vi fueron multiplicándose a cada segundo. Era terrible tenerlos dando vueltas a mí alrededor mientras jugaba con Destello dentro de su corral, pues estos se le pegaban en sus cabellitos, se posaban sobre su naricita y mejillitas. Intenté ahuyentarlos con órdenes y gritos enojados. Creía haber tenido éxito al verlos desaparecer asustados. Una victoria falsa, pues ellos volvían a mí alrededor casi de inmediato.

Igual que Destello cada una de esas lucecitas brillantes tenían su propia historia. Recordé en voz alta. Sonreí cuando creí sentir la presencia majestuosa de Destello a mi lado, pero también me afligí. Destello estaba muy enamorado de Esteban. Su amor tan lleno de pasión era solo de Esteban, de Resplandor. Las brillantes lucecitas vibraron intensamente con cada palabra que escucharon de la historia de amor entre un espíritu celestial y un humano. Muchísimas desaparecieron de mi alrededor quizá por respeto a la historia de amor que les conté, pero de la misma manera muchas otros aparecieron a mi alrededor. 

—Lo sé —le respondía a Oro—, pero no hay nada que hacer. No voy a fallar.

—Lo dudo —se rio—. Pero está bien, porque tengoen mi lista muchas candidatas que te puedo recomendar. He estado observando amuchas mujeres que desean tener un hijo. Conozco a una mujer americana quellora por un niño. No estaría mal. Debes saber que se pudre en millones. También conozco a una estrella de cine queperdió a su hijo recién nacido. Justo ahora está desesperada por otro. No parade llorar. En un país lejano, la esposa de un político...

UNA ESTRELLA ENAMORADA |1ra parte|¡Lee esta historia GRATIS!