Mi novia, Rocío

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¿Quién te golpeó?

Andrés, pero no importa. Ahora viene la mejor parte.

¿Estás bien?

Sí, cállate. Hoy te contaré como comencé a salir con Rocío.

Luego de saber de la existencia de ese maldito chico, supe que debía de seguir avanzando ¡Tenía una competencia! Ese maldito hijo de puta también lo notó y los dos comenzamos a hacer sus mejores movimientos ¿Te acuerdas de que te dije que mi dignidad no conoce a Rocío? En ese día se conocieron y no para bien, sino que para apuñalarlo de la mejor forma.

Samuel Fuentes es el peor enemigo que puedes tener y más si es un rival amoroso. Tenía muchas cosas a su favor: es un chico y yo ni siquiera sabía la orientación de mi amorcito; era lindo y, lo peor de todo, era tan millonario que hasta parecía que sudaba oro el idiota.

Mi primer movimiento fue algo sutil y para nada arriesgado. En mi opinión fue el mejor y todo fue gracias a Melissa, esa chica siempre estuvo de mi lado y con ella sentía que tenía posibilidades de ganar. Samuel tenía a sus padres y el dinero a su favor, yo tenía a su mejor amiga y a mi psicóloga. Con eso era suficiente para sentir que era capaz de molerlo a golpes, aunque bueno, en vez de un golpe, le llegó un balazo. No estaba planeado, sí pensado, pero no planeado.

Un día esperé a Melissa en la puerta del colegio y le pedí ayuda. Ella me dijo sobre su fascinación sobre las fotografías y cámaras, yo la había visto unas cuantas veces sacando una cámara y sacarle foto a una persona. Me contó que a las siete de la tarde suele salir a sacar fotos en una plaza y yo, en ese mismo día, le envíe un mensaje a Rocío preguntándole donde estaba a esa hora para poder acompañarla.

Ella me dio la dirección exacta y yo llegué a los cinco minutos.

Angela me dijo que la gente del espectro autista suelen sentirse muy cómodos si siguen una rutina y es por eso por lo que decidí meterme a su rutina. Espero no parecer una loca diciendo eso, pero es el mejor plan que pudo hacer mi cerebro. Me senté a su lado y mientras comía un helado, acompañé a Rocío.

—No lo sé—susurró cuando un día le pregunté quién es Samuel—No sé por qué entra a mi casa, tal vez somos amigos, no lo sé. Mi madre dice que sí, aunque no me agrada su presencia.

—A mí tampoco, deberías de echarlo.

—Mis padres lo adoran, me lo han dicho. No entiendo el porqué, ellos dicen que es porque es un gran chico, pero me molesta que siempre me abrace al verme y en otras ocasiones. Una vez le dije que se fuera, pero al parecer no puedo hacer que se vaya—Agarró su cámara y apuntó a un hombre se acercaba al lugar que siempre sacaba fotos. Yo me quedé mirando a ese hombre. A Rocío no le gustaban las fotos normales, nada de flores ni paisajes. A Rocío y, luego de verlo, a mí, nos encantaban las fotos donde una persona no usaban esa máscara que todos ocupaban. El hombre puso su pie en ese agujero que nadie notaba y cuando abrió lo más posible sus ojos y abrió la boca para soltar un insulto, Rocío le sacó una foto.

—¿Y qué hacen? —le pregunté cuando bajó la cámara rápidamente para que no la notaran.

—Nada, a la hora que él viene yo estoy estudiando, por eso lo odio tanto, me desconcentra—me acercó su cámara para mostrarme la foto. Yo me reí por el miedo del hombre bien vestido, se parecía a ti ¿Y si eras tu? Sería más gracioso. Deja de distraerme—. Él solo se pasea por mi pieza por un rato y luego se va—dijo.

¿Ahora si notaron lo raro? Yo al escuchar eso no pude dejar de pensar en eso por más de una semana ¿Qué quería de Rocío? En ese momento yo no podía pensar en otra cosa que en eso, eso me dificultó un poco con los trabajos, pero no importa mucho ese tema. Tuve un par de teorías, como, por ejemplo, que investigaba a Rocío ¿De qué? No tengo ni la puta idea. Las mentes de los millonarios son más difíciles que el de cualquier persona, llena de mentiras y mil máscaras. Cualquier tipo de teoría era razonable para mí.

¿Quién mierda nos va a entender?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora