Placer - Capitulo 06

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La Locura Es El Sinónimo Del Amor, Porque Una vez Enamorado,
Ya No Hay Paso Para La Cordura.

Lucifer Morningstar

 
—¿Qué debo hacer?

Pregunté ante el dios del mundo, quien me miraba con culpa y arrepentimiento... con el dolor reflejado en sus ojos, sabiendo que su respuesta arruinaría la vida de uno de sus hijos, pero a mí me daría el privilegio de la victoria.

—¡Padre! —gritó uno de los ángeles, interviniendo ante la posible aceptación de mi petición. Se elevó con sus alas para llegar a la altura de nuestro Señor—. ¡No puede hacer esto, Padre!

El celestial colocó una de sus manos en su pecho, protegiendo la placa que yo tanto ansiaba: con una talladura sobre la madera, donde habitaba el nombre del hombre que deseaba poseer, aquel que, por una razón incomprensible, había elegido a ese don nadie en lugar de escogerme a mí.

—Silencio... —susurró el Más Grande, frotándose las sienes mientras buscaba una respuesta a mi demanda.

—Por favor, Padre... —suplicó el ángel, al borde de las lágrimas—. No puede hacerme esto.

Los ojos del Señor se posaron en los del ser alado. Desde mi posición, pude ver cómo ese ángel derramaba lágrimas mientras apretaba contra su pecho la placa, protegiéndola de quien quería arrebatársela... protegiéndola de mí.

—Tranquilo, hijo...

Suavizó su tono mientras alzaba la mano hacia el ángel, en un gesto que le ordenaba soltar la placa. Él ignoró la orden y no cedió.

—No puede entregar su alma sin nada a cambio... —argumentó, deprimido, alejándose del Padre—. No podemos entregar un alma sin que el Rey del Infierno dé algo a cambio.

Repitió la frase, mirándome a los ojos. Ojos de una tonalidad diferente a los míos, un negro intenso, luchando con el rojos de los míos, en una batalla donde yo ganaría sin esfuerzo. Sus cejas bajas mostraban ira; las arrugas, repulsión; y sus labios temblaban mientras el llanto enrojecía su mirada.

—Es cierto, Señor —añadió Adam, mirándome con satisfacción, pues mi situación daba placer a quien quisiera verme rendido—. Lo que Lucifer pide es que le entreguemos un alma pura, inocente y libre de todo pecado, a cambio de absolutamente nada. ¿No es eso injusto?

Su atrevimiento hizo que todos a nuestro alrededor murmuraran, mirándome con rencor y asco. Lo que menos querían era mi presencia en su lugar pulcro, y era un sentimiento ampliamente compartido. Yo solo quería largarme de allí lo más rápido posible; el sonido del arpa me hacía sangrar los oídos, al igual que el blanco de las paredes y sus sonrisas burlonas me hastiaban.

—Bien... —dijo el Padre, cansado de la situación. Ya era sabido el favoritismo que sentía por mí, su ángel caído, ya que jamás había rechazado ninguna de mis peticiones, siempre dándome lo que exigía sin dudar. Esta era la primera vez que ocurría una reunión de este calibre.

Todo porque el alma que exigía estaba protegida por uno de mis hermanos mayores, quien, al enterarse de mi solicitud, casi enloqueció. Pero como no había motivos para denegarme ese sacrificio, el Padre decidió convocar un juicio con todos los celestiales.

—Tomaremos algo de ti... ese será el precio para cederte una de las almas más limpias del Cielo.

El alado a su lado suspiró aliviado, aún protegiendo mi mayor tesoro entre sus palmas. No sabía qué me iban a pedir, pero cualquier precio valía la pena si significaba obtener esa valiosa placa.

~Mi Oscuro Deseó~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora