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El mundo era bipolar, temían y traicionaban a sus aliados más cercanos. Incluso de su familia podían desconfiar, a tal punto de sobrepasar los límites de la moral y ética con recurrir a la violencia.
Durante esa línea de tiempo, dos países considerados como potencias mundiales entraron en conflictos indirectos para difundir su ideología y política como la mejor opción a recurrir y respetar. Se dividió en dos bandos, reconocidos como el bando "Azul" y "Rojo", representando sus respectivos gobernantes y hogares, en los cuáles sus familias realizaban plegarias para que aquél ser querido regrese a su hogar.
La primera guerra directa comenzó cuando ambos bandos buscaban infundir su conocimiento en Corea, sin embargo, su enemigo se enteró de tal acción y se enfrentarían en el campo de batalla por primera vez, cara a cara frente a la muerte. Nelson, vestía su uniforme con su identificación a la vez del símbolo de la hoz y el martillo en uno de sus bolsillos, trataba de calmar el temblor de sus piernas al verse obligado en prestar su servicio a la defensa militar de su nación.
El pobre chico tinta de nuevo su cabello, originalmente azulino a un color azabache, tenía conocimiento del pudor que le tenían al color azulino y no quería que su familia sufriera las consecuencias de su cabello. Trataba de reunir el valor suficiente de sujetar su arma y apuntarla contra otro ser humano, el cuál no conocía y no tenía motivos para entablar una batalla sangrienta.
¡Hey chico, apresura te de una buena vez! ¿O acaso no quieres defender a tu patria? - Vocifero el comandante Valentino, hombre con cuerpo voluminoso, entrenado para matar a sangre fría a todo enemigo que se pose frente a él. Portaba el cabello rojizo de color natural, una mirada sombría y marcas de guerra en el rostro.
Nervioso, Nelson hace un saludo a su comandante, toma el arma con fuerza dejando atrás todo lamento y súplica a algún Dios de que lo saqué de ese lugar.
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Por otro lado, en un navío dirigiéndose al campo de batalla, un chico delgado jugaba con sus finos hilos de azul turquesa que caían por su rostro, deseaba jamás llegar al destino ya que no estaba preparado mental y físicamente en arrebatarle la vida a algún extraño frente a él.
Uriel, trata de sobrevivir. - Le dirigió la palabra su compañero y amigo Thiago, dedicándole una mirada de seguridad y calma.
Iba a devolverle el comentario de apoyo sin embargo llegaron al lugar donde se iba a llevar una guerra.
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La adrenalina de los soldados era inmensa, el sonido de sus armamentos generaban un ensordecedor sonido que nublaba los gritos de soldados que recibían las balas en alguna zona mortal, llantos del enemigo al observar como su compañero fallecía frente a sus ojos.
El tiempo pasaba, Nelson y Thiago sobrevivían y luchaban para tomar ventaja sobre su enemigo, en un punto el bando Rojo tomo ventaja, tomando un gran territorio. Nelson se dirigió para emboscar a sus enemigos que estaban en las trincheras. Lanzaron granadas y disparaban a quema ropa con todo ser humano que divisaban, hasta que el batallón donde iba nuestro joven peli azulino cayó en una trampa, Nelson corrió lo más rápido de aquél lugar, negándose a morir en aquél frío lugar, cayendo en una trinchera por un tropiezo.
Nelson veía la muerte más dolorosa y tortuosa apoderarse de su carne, temió abrir los ojos antes las personas que tendría frente, hasta que sintió unas manos largas y delgadas sostenerlo fuertemente. Abrió los ojos de golpe y observo a un chico con tez blanca y cabello azul turquesa sujetarlo sin discriminar lo, Uriel le dirigió la mirada y sus ojos se conectaron en el otro.
Estaban sumergidos en sus mundos, ignoraban los gritos de dolor, las granadas estallando, las armas y tanques expulsando sus municiones sin dudar al enemigo. En ese transcurso quisieron abandonar toda ideología y política y salir de aquél escenario, conversar entre ellos y dejar que las cosas fluyan naturalmente. Hasta que un pensamiento abrupto sus mentes, todo aquel que deje vivo al enemigo será aniquilado de la manera más dolorosa por traicionar a su madre hogar, se miraron con tristeza reconociendo el dolor de ambos al saber que eran traicioneros de sus naciones y que no podían huir de las consecuencias que conllevaba.
Aunque una mirada bastó para que asienten la cabeza y se den una ligera sonrisa, Nelson y Uriel sacaron de sus bolsillos unas granadas y les quitaron el seguro, se colocaron rápidamente los seguros en el dedo del otro y se abrazaron con fervor, aceptando el destino que conllevaba sus acciones.
Esperaban que en otra vida pudieran reencontrarse, en otra vida donde no haya guerras ni ambición del ser humano en destacar cueste lo que cueste, el silencio abundó en el mundo de ambos y la explosión detonó una salvaje removida de la tierra. A los demás soldados no les intereso tal detonación, se concentraban en sobrevivir y regresar a sus hogares en los cuáles estaban sus seres queridos.
La carne de ambos se disperso por la tierra, los huesos hacían un crujir estremecedor y la sangre manchaba en un tono más oscuro a la tierra. Al final y al cabo, fueron participes del conteo de las vidas quitadas durante el campo de batalla, vidas arrebatadas por la época y guerra.
[...]
Espero les haya sido de vuestro agrado este capítulo. Les doy mis disculpas por haber tardado en actualizar la historia, estoy ocupada en mis estudios y mi horario ha estado muy apretado. Espero que esté día y por los que vengan les sea días maravillosos, hasta un próximo capítulo.