D i e c i o c h o.

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Lucas llegó a mi casa con un paquete de oreos. Aunque una típica chica espera flores, eso es más original.

Me llevó hasta el cine, en todo el camino ni hablamos.

-¿Qué veremos? – pregunté.

-¿Te gustan las películas de miedo? – puso cara de malicia.

-Hmm pues, sólo sí no asustan. – Lucas exploto en risas.

-Que bien, entonces veremos otra, miedosa.

-¡No soy miedosa! – le grité.

-Demuéstralo – me retó.

-Bien, entremos a esa.

Toda la película la pasé con los ojos cerrados, gritando y aunque me dé pena, de vez en cuando le cogía la mano a Lucas. O él pasaba el brazo por mi espalda y me rodeaba con sus brazos.

Si hubiera sido en una situación normal, le hubiera golpeado.

A quién engaño, me encantaba estar en sus brazos.

Pero todo se dañó cuando terminó la película, nos soltamos rápidamente y hubo tensión en el ambiente.

Los siguientes minutos estuvimos caminando por las calles, molestando y bromeando.

Hasta que se me pasó por la mente una pregunta que quería hacerle desde hace ratos.

-¿Por qué? – le pregunté de repente.

-¿Qué?- dijo con cara de desconcierto.

-Sí, invitarme a salir. Entre nosotros siempre ha habido... ¿odio?

-¿No lo sigue habiendo? – bromeó.

-Responde.- lo fulmine con la mirada.

-Pues, eres una buena amiga. ¿Acaso necesito razones para salir contigo? – me despeinó – amiga.

-Entonces soy tu amiga.- di una falsa sonrisa. Mi corazón de cayo, se partió en mil pedazos y para colmo Lucas lo pateó.

-Sí. ¿Qué otra cosa?

Por Dios, Lucas deja de ponerme trampas, para que caiga y te diga todo lo que me he guardado.

-Supongo que súper amigos.

- Puede ser.

Cuando volvió a reinar el silencio, Lucas lo rompió.

-Isa, no me dijiste que escribías tan bien.

- Oh, gracias.

¿Qué fue eso?

-¿Tú como sabes que escribo?

-En clases de literatura.- se rasco la nuca, estaba nervioso.

-No, en clases de literatura jamás he escrito. ¡De igual forma tú no estás en mi grado, ni en mi salón ni en mis clases!

Las notas, la mención de ladrón de galletas esta mañana.

-¡Joder! Dime como sabes que escribo.

-Yo, lo supuse...

-No, nada de que lo supusiste. – Si Lucas había leído aquellas notas, descubriría lo que siento por él, podía sentir como mis mejillas empezaban a arder.

Lo mejor que pude hacer en ese momento fue correr, alejarme de Lucas.

-Espera Isa, por favor.- dijo agarrándome del brazo.

-Suéltame. – la pena me invadía.

Seguimos forcejando.

-¡Bien, si he visto tus escritos!- tan pronto lo dijo, me soltó. Pero aun así me quede justo donde estaba.

-Y me parecen lo más bello que he visto en mi vida.

En ese momento era una ruborizada oreo.


Oreo; 01Donde viven las historias. Descúbrelo ahora