Capítulo diez: Noche de fiesta, champán caro y tres chicas hermosas II.

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—¿Quieren acompañarnos en la mesa?

¿QUÉ? 

Si asesinar a las personas con la mirada fuera legal, pues Emma ahora mismo estaría hecha picadillo.

Deja que se sienten en la mesa.

Cállate, cerebro.

Lander la ignoró y no apartó la mirada de mí. Estaba usando el perfume de Tom Ford, conocía ese perfume a la perfección porque, por un tiempo, Wes lo había utilizado, pero después lo cambió por el de Dior. Al contrario de Laurent, Henry asiente con la cabeza y dice: —Por supuesto, preciosa. Sería un honor.

Preciosa. 

Al parecer, él y Lander compartían palabras al coquetear con mujeres.

Henry agarra el asiento a un lado de Emma mientras que Lander se queda detrás de mí sin apartar su mirada. Había un único lugar en la mesa y era a mi lado, por lo que el enemigo de mi hermano no dudó en sentarse cuando Emma le señaló el lugar. Gracias, Emma. Si fuera legal la venta de personas, ya la hubiese vendido.

Mentira. 

No dije nada.

—¿Qué hacen aquí? — preguntó Henry con una sonrisa en su rostro. Era guapo. Lo bueno de todo esto era que no tenía ni una gota de parecido a su hermana, Tori, de la cual no sabía nada desde ese día que nos inundó de mensajes a Wes y a mí para mentirnos sobre la infidelidad.

—Vinimos a divertirnos un rato — contestó Greta sin apartar la vista de Lander y yo. Él estaba pegado a mi cuerpo, nuestras piernas se tocaban, nuestros brazos también y desde aquí estaba siendo invadida por su perfume caro y su olor a menta. Eso hacía que quisiera meter mi cabeza en su camisa solo para absorber ese olor. De buena manera. —Ya saben, noche de chicas.

Resaltó la palabra "chicas" en señal de que se tenían que retirar a su propia mesa porque no los queríamos aquí. Era mentira por mi parte, ya que sí quería que Lander se quedara sentado a mi lado toda la noche, aunque había venido aquí para buscar un poco de paz mental y dejar de pensarlo todos los días.

Mi celular vibró en mi bolsillo en el momento en el que iba a hablar y, cuando lo enciendo, puedo ver los casi veinte mensajes perdidos que tenía de Nick. Me había olvidado de comentarle que ya habíamos llegado bien y nos encontrábamos a salvo dentro de la discoteca. Iba a descartar la idea de contarle que estábamos con Henry y Lander porque se volvería loco y, además, le había prometido a Wes que no me acercaría nunca más a Laurent, lo cual era mentira. 

Otra mentira más a la lista.

Cállate, cerebro.

Nick.

Bella, ¿te encuentras bien? ¿Quieres que vaya por ti? 

Yo.

Hola, Nick. Lo siento, olvidé por completo que tenía que mandarte.

Scoring the Heart ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora