Se dice que el olvidar Sana.
Por las tragedias del pasado
Por las heridas que no sanaron
Y por muchas cosas más
Preferí olvidar
Porque olvidar sana y quiero sanar.
Alastor Morningstar
—¿Dónde estoy?...
He caminado por horas en este sendero, pero parece interminable. No importa cuánto avance, no encuentro ninguna salida. Todo a mi alrededor es un fondo blanco infinito, y mis poderes no parecen funcionar en este lugar.
¿Estoy soñando?
Espero que sí. Por alguna extraña razón, este ambiente me trae recuerdos... o al menos eso creo. Si me concentro en mirar alrededor, llego a sentir un déjà vu, aunque no sé exactamente de qué tipo.
—Nos volvemos a ver...
Una voz se hizo presente. Una voz que sin duda reconocí. Era similar a la que me llamaba Zazel, aquella que me pedía quedarme con él.
De repente, el espacio en blanco se llenó de colores, formando un magnífico paisaje. Corría una brisa feroz y el cielo tenía un suave tono celeste, acompañado por un hermoso campo de rosas. ¿Hace cuánto tiempo no veía un paisaje tan humano?
Lamentablemente, mi increíble paseo se detuvo. Si tan solo no hubiera escuchado mi voz... o bueno, mi voz humana.
—Tú... ¿cómo llegaste aquí?
¿Con quién estoy hablando?
—Hum... yo debería ser quien pregunte —ese personaje, escondido detrás del árbol, contestó con un tono juguetón—. ¿Cómo llegaste aquí?
—no lo sé... Lo último que recuerdo fue haber sido atropellado por un carruaje.
¿Pero qué dices? Yo no podría morir de una manera tan patética.
—¿¡Qué!? ¿Moriste por un accidente de coche? ¡HAHAHA! —Aquel hombre llevó una mano a su rostro, intentando contener la risa.
—No es gracioso —respondí molesto—. Espera... ¿Estoy muerto?
No entiendo esta escena... ¿Lo que veo ahora es a mi yo humano? Esto debe ser una broma. No recuerdo haber hablado con nadie antes de caer al infierno. ¿Y yo conocía a este sujeto?
—¿Qué haces oculto? —Vi cómo mi yo humano avanzaba hacia el árbol lentamente.
—Porque se supone que no debo interactuar con las almas en juicio —respondió, apoyado en el árbol, con los brazos cruzados.
—Entonces estoy en el purgatorio —sugerí, y él solo asintió con la cabeza, aceptando mis palabras—. Pero este lugar es muy diferente a como me lo imaginaba.
—¿Cómo te lo imaginabas? —Se separó con pereza del árbol, acercándose lentamente a mí. Aunque era extraño, su rostro estaba distorsionado de una manera espeluznante.
—Tal vez... —baje la mirada, pensativo, para luego levantarla lentamente y mirar directamente a aquel hombre—. Como un lugar desierto, repleto de almas pecadoras esperando su destino final, rezando para que su Dios perdone sus ofensas y no los deje caer en las garras de aquel ángel caído, Lucifer.
