Él era una persona importante en el mundo.
Ella era solo la hermana de su mayor rival.
Ambos eran diferentes y lo sabían, pero al no conocerse no pudieron pensar eso.
Dos personas diferentes en dos equipos diferentes.
¿Que podría pasar?
graphic by b...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
VII:
El chico jirafa se movió sobre el asiento caro como si hubiera recordado algo, bajó la velocidad del carro y luego me observó con una sonrisa en su rostro. Volvía a repetir lo mismo que había dicho hacía unos minutos: Lucía más hermoso cuando sonreía.
—Recordé algo.
Fruncí el ceño, esperándome todo lo malo. —¿Qué recordaste?
—¿Sabes por qué te saqué a bailar la noche de la fiesta? — preguntó con una voz más suave que la de antes.
¿Qué estaba planeando decir este chico?
Entrecerré los ojos y pregunté: —¿Por qué?
—Porque al verte supe que eras la única mujer que llamaba mi atención entre tanta multitud.
¡Mátame! ¡Ahora!
No podía continuar escuchando las cosas que salían de la boca de este hombre porque me olvidaba de nuestro concepto de amistad. ¡No podía encariñarme con un hombre que había conocido hacía una maldita semana!
Mi rostro se calentó inesperadamente y miré la ventana como si pudiera ayudarme ahora mismo. Quería salir de aquí porque este chico iba a volverme completamente loca. Además, ¿por qué estaba sonriendo? Comencé a jugar con mis manos en mi regazo pensando en qué iba a responderle, ni siquiera podía observar.
Laurent mantenía su mirada en la carretera, pero cada vez que podía me observaba de reojo con una sonrisa en su rostro, como si hubiese logrado su cometido: Ponerme completamente nerviosa a tal punto de no saber qué responderle a su intento de coqueteo descarado.
Tragué saliva con dificultad y levanté la cabeza con valentía, que era algo que yo no tenía, pero de la nada había nacido. Al posar mis ojos en Lander, pude encontrarlo soltando una carcajada mientras sus ojos brillaban de una manera impresionante y sus pupilas se dilataban.
—Te ves hermosa cuando estás sonrojada, Gea — soltó entre medio de una risita que me hizo volver a sonreír como por milésima vez en el día.
Oculté mi rostro rojo entre mis manos con vergüenza y dije entre risas: —¡Basta! Deja de decir esas cosas absurdas.
¿Quería evadir las palabras de ese hombre? Por supuesto que sí. Cuanto más lejos se encuentre, mucho mejor. Lander tenía el poder de ponerme nerviosa con tan solo una palabra y una maldita sonrisa. ¡Por eso debía mantenerlo alejado de mí!
¡Si tan solo todos vieran esa sonrisa, también se enamorarían de ella como yo lo estoy haciendo ahora mismo! Lander era extrañamente similar a mis perritos, ya que él era un maldito golden retriever, pero en persona y no en versión perruna.
Lander me dedicó una mirada rápida y, sin decir nada, dirigió su vista nuevamente a las calles de Londres, las cuales estaban inundadas de turistas sonrientes y con abrigos que yo usaría, pero para andar en la Antártida, no en Inglaterra. Estábamos en pleno verano, pero lucía como si estuviera a punto de comenzar el invierno gracias al clima y la gente con esos abrigos.