Capítulo seis: La mala suerte en persona.

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OVI:

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Caminé con rapidez por las calles de Londres, ya que la galería de arte estaba por cerrarme las puertas en la cara. Anoche me había acostado a la madrugada gracias a que Greta y Wesley me convencieron para jugar a algunos juegos de mesa juntos, lo cual acepté, porque no tenía nada mejor que hacer, pero había sido una muy mala idea.

Por ese motivo me desperté demasiado tarde y tenía una guía reservada en la galería de arte más importante de Londres, que sin omitir era casi imposible conseguir entradas y yo las había conseguido.

Mi casa del centro de la ciudad quedaba algo lejos y, con más el tráfico que había estos días por el turismo, había tardado treinta minutos en llegar. Cuando finalmente logré llegar a la galería, me encontraba sin aliento y casi no podía respirar, tenía la ropa algo desarreglada y mi cabello me hacía lucir como una bruja, ya que estaba completamente despeinada.

Salté los escalones para llegar hasta la puerta y, al ver el cartel que se encontraba, solté una maldición y un suspiro. "Cerrado, las guías ya comenzaron".

¡La maldita guía había comenzado sin mí!

Solo a mí me tenía que suceder esto, no solo esto, sino que también venía una tormenta aquí en Londres y yo había traído todo menos paraguas, ¡lo único que tenía que traer y lo olvidé!

Universo, que me atropelle un carro, solo eso falta.

Comencé a arrastrarme lejos del cartel y la galería, sintiéndome finalmente derrotada. La lluvia comenzó a caer, las nubes en Londres se oscurecieron aún más y las gotas de agua me empaparon y enfriaron mis huesos. Este día simplemente no podía empeorar.

Había pasado dos malditos días en conseguir esa entrada y la había perdido porque no había podido oír las diez alarmas que sonaron, ¿Qué más faltaba que sucediera? 

Las nueve alarmas que habían sonado no me despertaron, ni siquiera las sentí, pero sí despertaron a Wes, que llegó a mi habitación con su rostro de dormido, marcas de la almohada, sin camisa y el cabello revuelto.

Parecía un zombi.

Ahora me encontraba completamente mojada, con mi maquillaje corrido, parada en medio de la ciudad mientras observaba el cielo gris y la lluvia caía mucho más sobre mi rostro. Al parecer, el maldito no tenía pensado parar de llover por largas horas.

No solo me estaba sucediendo esto, sino que el chofer de la familia se tuvo que ir a hacer unas cosas personales urgentemente y ahora no tenía quien me pasara a buscar porque Wes estaba entrenando con Nick, que había llegado a Londres ayer, Greta estaba en mi casa sin carro y mis padres estaban en una cita romántica.

Solo tenía una opción, pero no la iba a tomar.

Estás empapada, pareces un pescadito, necesitas una ducha caliente o vas a terminar en el hospital.

Scoring the Heart ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora